viernes, 15 de noviembre de 2013

Una profecía


La ordinaria epopeya de días
repitiéndose en la incauta
levedad del silencio me conecta con el destello
de tu sonrisa;
con el diminuto espacio, casi imperceptible, de tu luz
 reinando entre la violencia estúpida de las cosas…

Estoy  de rodillas
ante la pureza de tu mirada santa;
atestiguando la transfiguración a la que
te redime el amor verdadero.

Explotan en mi oído las palabras muertas
que deambulan en el estruendo del apocalipsis
cotidiano, mientras ando buscando la manera
de fusionarme con la delgada línea de esos otros
mundos paralelos en donde también te amo.

Las finas estalactitas de la tierra clamando
dulzura me apuñalan la planta de los pies,
entonces levito a encontrarme con el reparo
de tu piel que me espera.

Afuera, ya retumba mi voz invisible
gritando tú nombre,
redactando la imagen  profética de nosotros dos
encontrándonos antes y después
en la vorágine sin pausa del universo
que no conoce del tiempo.

Fotografía: Jaroslaw Datta