lunes, 13 de mayo de 2013



"La literatura no hace sino registrar
los encuentros con la belleza"


Como dios del amor, Eros es capaz de moverse de un ser a otro.
 Un flechazo del hermoso hijo de Afrodita basta para que las agujas enloquezcan y nos arrebaten más allá de la razón.
Ciego como se lo imagina  nos lleva a experimentar  el mundo más allá de lo manifiesto.
…El alma vaga en la oscuridad, hasta encontrar al amor; así, donde quiera que vaya nuestro amor, allí encontraremos nuestra alma- dice Mary Zimmerman en su obra-
Sucederá si tenemos suerte y nos permitimos ser ciegos...en lugar de estar siempre mirando. Sin embargo, la tentación a seguir adelante y delinear la silueta del amor es mucha, es demasiada.
En su Banquete, Platón, comienza preguntándose si se quiere y ama aquello que se tiene, o por el contrario, lo que no se tiene. La discusión es ardua pero algo hay que  inevitablemente queda claro: La naturaleza  del amor escapa totalmente a los límites que queramos imponerle.
Alado, volátil como es su naturaleza, Eros conoce todos los destinos, todos los tenores que en el alma de un ser humano puedan caber.
Están en el arte los escenarios más bellos que la sensualidad del erotismo haya podido dar a luz.
Mientras decidía de que se vestiría mi dama ésta semana, un pequeño libro llegó a mis manos. Lo abrí al azar y salió a mi encuentro una de las imágenes puesta en palabras más perturbadoramente eróticas que había leído en mi vida…entendí entonces que el recorrido por los complejos laberintos del erotismo no habían terminado para a mí ni para mis musas.
Los invito esta semana a hacer un interesante recorrido por algunas de las escenas eróticas más bellas y sensuales de la literatura.
El viaje será intenso y hasta conmovedor quizás,  si juntos dejamos que la mágica visión de sus creadores nos desborde desde alma…