lunes, 27 de mayo de 2013



“Se quedó estupefacto Aquiles; se volvió seguidamente, y al punto

reconoció a Palas Atenea: sus ojos brillaban de un modo terrible».




…Atenea reina solemne en las cumbres de la sabiduría.
De la cabeza de Zeus ya nació mujer, completamente armada, desbordando saber, razón e inteligencia.
Señora de Atenas; con su Égida en el pecho y el casco que levanta para que se vea su rostro de mujer, enhiesta, majestuosa y triunfante.
Creó el olivo. Pero también fue inventora del arado, de la navegación, el carro, los números, el hilado, el tejido, la flauta, la trompeta.
Enseñó  a Erictonio a atar sus caballos al carro, y a Belerofonte a dominar a Pegaso.
Protectora de la crianza de los niños, y de las artes, del cielo claro y el aire puro. Diosa del buen consejo, encargada del cumplimiento de las leyes.
Ayudó a Aquiles en su pelea con Agamenón pacificando su espíritu, enseñó a Heracles a despellejar al león de Nemea, guió a Perseo para decapitar a la Medusa, ayudó a Odiseo disfrazándole como un anciano para que recuperara su reino, ayudó a Hércules a matar a la hidra de Lerna…
La diosa griega ha sido personificada incontables veces en casi todas las manifestaciones del arte, ella es en sí misma, una figura icónica sin tiempo que representa los dones de la mujer independiente.
 Gustav Klimt hizo- a mi entender- una de las representaciones más controversialmente bellas y modernas de Atenea que alcanzó en su momento, el más alto grado de sofisticación en la representación de la mujer: En un lienzo cuadrado con marco metálico diseñado por él mismo, la diosa es representada armada, con sus símbolos iconográficos. En la mano derecha sostiene una bola a modo de cetro con una Nuda Veritas, símbolo del triunfo del arte auténtico y entre sus cabellos se aprecia  la cabeza de Medusa como un medallón con el poder de petrificar a sus enemigos- algunos especialistas consideran que Klimt plasmó la primera imagen de una mujer que subyuga al hombre-
El genial pintor la eligió como símbolo del movimiento artístico renovador al que perteneció durante algunos años, la llamada Sezession.
Nacido en Francia a finales del XIX, este movimiento pretendía dar un vuelco a las artes anquilosadas en el pasado y cambiar los cánones. Así nació el modernismo, que llevaría al art nouveau primero y al art déco después, con Palas Atenea flameando la bandera de la profunda renovación.
Su imagen sufrió varias transformaciones a lo largo de los siglos, incorporando nuevos atributos, interactuando con nuevos conceptos e influenciando otras figuras simbólicas; fue usada por varios regímenes políticos para la legitimación de sus principios, penetró inclusive en la cultura popular; su intrigante identidad de género ha sido de especial apoyo para los escritores ligados a los movimientos feministas y a la psicología e incluso algunas corrientes religiosas contemporáneas volvieron a darle la verdadera adoración.
Durante siglos el papel de la mujer como creadora en el arte fue siempre marginal. Ocupo, por el contrario, un papel fundamental como objeto artístico: paradigma de la maternidad por un lado, y objeto del deseo masculino, por otro. Pero en el siglo XX las cosas cambiaron. La mujer creadora irrumpió con fuerza en el mundo del arte haciendo oír su voz y asaltó el centro activo de la creación artística ¿Qué otra figura podría ser representativa de esa mujer creadora, sabia e iluminada, que combate con justicia frente a la feroz niebla del olvido y del anonimato sino la insumisa guerrera griega?
Esa mujer que mira con ojos azul de hielo es La Mujer. La diosa  por antonomasia.
Aunque tiene más de treinta y cinco epítetos, además de Palas, que la describen como guerrera que combate delante, protectora de Atenas, de Esparta, de Argos, Gortinos, Lindos y Larisa, de la Acrópolis; consejera, defensora de la bahía, de los bueyes, de la navegación incansable…es la Atenea que regresa, siempre ambigua, combativa y revolucionaria a ocupar el lugar que le corresponde con indomable vigor en ésta nueva era femenina en donde Shakespeare sí que puede ser una mujer…


Palas Atenea, Gustav Klimt 1898