lunes, 20 de mayo de 2013



A todas las mujeres que sufren y han sufrido en vano…

“El dolor no se atenuaba. ¿Cómo iba a atenuarse? En cualquier caso, aprendimos la lección más importante para toda mujer: debíamos obedecer por nuestro bien. Ya en aquellas primeras semanas empezó a formarse una imagen de lo que seríamos las tres cuando alcanzáramos la edad adulta.
Un día, mientras daba una vuelta por la habitación, oí un crujido. Se me había roto un dedo del pie. Pensé que el sonido era algo interno de mi cuerpo, pero fue tan fuerte que lo oyeron todas las que estaban allí. Mi madre me clavó la mirada. - ¡Por fin adelantamos algo!
Seguí caminando, pese a que me dolía todo el cuerpo. Al anochecer ya se me habían roto los ocho dedos que tenían que romperse, pero seguían obligándome a andar. Notaba los dedos quebrados con cada paso que daba, porque bailaban dentro de los zapatos. El espacio recién creado donde antes había habido una articulación se había convertido en un gelatinoso infinito de tortura. El frío del invierno no había empezado a anestesiar las atroces sensaciones que atenazaban mi cuerpo. Aun así mi madre no estaba satisfecha con mi docilidad. Aquella noche mandó a Hermano Mayor traer un junco cortado de la orilla del río. Durante los dos días siguientes me golpeó con él en la parte posterior de las piernas para que no parara..
El día que me cambiaron las vendas, sumergí los pies en el agua como de costumbre, pero esta vez el masaje para dar forma a los huesos fue más espantoso que nunca. Mi madre tiró de mis dedos rotos y los dobló hasta pegarlos por completo a la planta de los pies. En ningún otro momento percibí tan claramente el amor de mi madre.
-Una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida –repetía una y otra vez para inculcármelo bien- . La belleza sólo se consigue a través del dolor. La paz sólo se encuentra a través del sufrimiento”.

Pocas veces me he quedado sin palabras y absorta ante la imposibilidad de describir una emoción;  pocas veces me he quedado casi estática buceando en las profundidades del lenguaje intentando encontrar calificativos apropiados para referirme a algo que inevitablemente me ha avasallado.
Me sucedió con la obra de Lisa See.
-Llevo un par de días pensando, casi preocupada, en cómo escribir acerca de este cuento hermoso y hacerle justicia solo con un puñado de frases, espero lograrlo-
“El abanico de seda” de Lisa See es una historia excepcional y  extraordinariamente bella. Cruda como pocas. Es una historia de mujeres, de la profunda amistad entre dos mujeres inmersas en la inclemencia de un sistema tradicional, cruel y marginal.
 Como lector uno sabe cuando está frente a una joya, es instantáneo, se trata de ese hilo invisible que nos conecta con el cosmos de las letras; me sucedió inevitablemente cuando tuve entre mis manos esta novela  y a los tres días de haber comenzado ya me encontraba sumergida en el mundo de Lirio Blanco y Flor de Nieve.
Como en una elegante leyenda oriental, la autora nos cuenta, con un fino y cuidado lenguaje,  la historia de Lirio Blanco, una tímida niña de siete años, hija de una humilde familia de campesinos que será hermanada con Flor de Nieve, una niña de noble ascendencia que vive en un pueblo lejano. Al estar predestinadas por haber nacido el mismo día, a la misma hora y con sus ocho caracteres correspondiendo en perfecta armonía, ambas se convertirán en “laotong” ( mi otro yo o alma gemela) por medio de una ceremonia ancestral; que es incluso más importante que el matrimonio.
Desde el principio, y a lo largo de los años, Lirio Blanco y Flor de Nieve se comunicarán  intercambiándose mensajes en “nu shu” escritos en un abanico de seda que las sirvientas llevarán de una casa a la otra. En abanicos y pañuelos darán cuenta de lo que nadie conoce: sus más íntimos pensamientos y emociones, y gracias a esa vía secreta se consolarán de las penalidades del matrimonio y la maternidad.  Poseer un “alma gemela” les proporciona a las dos momentos de alegría y felicidad, así como viajes y salidas que nunca hubieran hecho de no poseerla.
El nu shu, el lenguaje secreto de la mujeres,  las mantendrá intensamente unidas.
Hace 1700 años, las mujeres chinas carecían de educación formal y vivían sometidas en casa de sus padres y luego en casa de sus maridos. Expulsadas del idioma de los hombres, deciden inventar un idioma propio, el Nushu, que en chino quiere decir escritura de mujeres.
 Esta respuesta genérica ante la exclusión se expandió en redes afectivas, acuerdo entre madres e hijas, entre amigas, vínculos más fuertes que la sangre misma. "Hermandades Juradas" que repartieron los mensajes cotidianos, las emociones, los deseos y los sueños que vivían a diario las campesinas analfabetas, las mujeres sometidas.
Desde que en 1998 fue descubierto este lenguaje secreto por una profesora china, muy poca documentación ha podido ser recuperada, pues era costumbre que las mujeres muertas se llevaran a la tierra o a la ceniza todo aquello que había sido parte de su naturaleza rutinaria. Uno de estos documentos rescatados dice: "Los hombres se atreven a salir de casa para enfrentarse al mundo exterior, pero las mujeres no son menos valientes al crear un lenguaje que ellos no pueden entender". Huanyi, la última mujer que habló esta lengua, afirmaba: "Hizo nuestras vidas mejores, porque nos ofreció un modo de poder expresarnos".
Ya  Nonagenaria, Lirio Blanco, será la encargada de relatarnos su historia, así como la historia de su entorno, denunciando al mismo tiempo el sufrimiento, las injusticias y las humillaciones a las que eran sometidas las mujeres chinas de la época- Es impactante la descripción del vendado de los pies a la edad de 9 años para conseguir unos minúsculos “lotos dorados”-
Con una narración exquisita y una poesía magistral, Lisa See nos enseña un mundo desconocido, escenario de una historia, sin lugar a dudas conmovedora, que nos dejará un profundo e inolvidable mensaje. Sabremos del nexo amoroso que siempre ha existido entre las mujeres, ese vínculo que nos ha mantenido erguidas ante la tiranía y el despotismo. Una unión ancestral que nos ha elevado por sobre hogueras, injurias, calumnias, piedras y torturas; una conexión de empatía indestructible que nos ha ayudado a sobrevivir intactas a los más terribles e inentendibles sistemas de sometimiento, un lazo,  grito silente, pedido fervoroso de respeto e igualdad.
Ninguna cultura debería justificar la crueldad. Ninguna tradición debería apañar la sumisión, ningún rasgo de nuestra humanidad debe ya ser indiferente a semejante locura...
“El abanico de seda “es una novela inolvidable, capaz de remover cada fibra sensible y que bien podría ser un testimonio más que no debe morir en las cenizas del silencio…

Fotografía: Sayaka Maruyama

Les adjunto un link con la extraordinaria novela de Lisa See
http://share.pdfonline.com/b3ee70c500944434976e27220df21a35/El%20abanico%20de%20seda%20-%20Lisa%20See.htm

Nu-Shu, el idioma secreto de las mujeres  http://agendadelasmujeres.com.ar/pdf/nushu.pdf