miércoles, 22 de mayo de 2013



" EL QUE NO SABE AULLAR, NO ENCONTRARÁ SU MANADA"

“Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.
Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.
Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán 3 en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.
La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.
Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.
Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.
La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.
La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.
En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.
Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa… una cosa del alma”



Necesitamos ponernos de pie y aullar desde las tripas. Necesitamos recordar nuestras garras ancestrales. Nuestra llama interior. Volvernos hacia adentro para encontrarnos de frente con la salvaje manifestación de nuestra femineidad; salvaje porque es pura y libre y capaz de cruzar hasta los confines del infinito descalza y con el pelo suelto llevando vida entre las manos; blandiendo una antorcha de triunfo: grito de una libertad interior que no ha sido ni será doblegada.
Necesitamos volver a sentirnos hembras, reflejo de la prístina madre naturaleza; hembras sanas, fuertes, perceptivas, indómitas, de aguda intuición, de arrolladora resistencia, de fiera valentía, de inconmensurable poder: Poder que es el vigor de la tierra.
Somos la nueva era. El siglo de las luces que despunta en el cosmos.Somos el antídoto para Gaia que perece lentamente.Somos la Diosa madre que repara y zurce y cura y reconstruye con amor las entrañas del universo que celebra con algarabía el resplandor de nuestros cuerpos destellando agua nueva.Somos mujer.
Es probable que no suceda de nuevo, que jamás vuelva a escribirse un libro tan profundo y revolucionario como este. Un libro que no solamente abarca prácticamente todos los géneros literarios- ensayo, novela, cuento, poesía, mito, leyenda- sino que logra, con una exquisitez que apabulla, referirse a los arquetipos que habitan dentro de cada mujer de una forma tan innovadora, que aunque pasen los años será difícil, para quien tuvo la suerte de perderse entre sus letras, poder olvidar lo que la doctora Clarissa Pinkola Estés dejó acuñado en cada una de sus páginas.
“Mujeres que corren con los lobos” es una joya repleta de claves para interpretar el espíritu femenino en un sentido más verdadero, ese sentido que lleva el conocimiento al alma.  
A través de diversos cuentos populares, la autora nos ofrece una oportunidad para plantearnos y comprender mejor nuestras experiencias vitales, despertar nuestro adormecido estilo de vida en la sociedad actual y resurgir a la mujer salvaje plenamente consciente de su capacidad revitalizadora, pues toda mujer, sin excepción, alberga a esa “loba” que indefectiblemente nos llena de energía y nos devuelve al seno de nuestro poderoso instinto. Hacer aparecer “esa naturaleza instintiva”, significa aceptar el propio cuerpo, con orgullo, hablar y actuar a favor de una misma, mantener firme los valores sin aceptar lo que la sociedad patriarcal imponga en un intento de acabar con nuestra vida natural. Es despertar a la creatividad, al amor, a la integridad de nuestro género.
Existen factores en las distintas culturas que han ido minando en el sexo femenino su verdadera naturaleza. Sistemas opresivos revestidos en muchos casos de las más atroces crueldades-algunos de los cuáles lamentablemente aún sobreviven en pleno siglo XXI- sistemas amparados bajo la tela de las tradiciones y la cultura; sistemas que aún son apuntalados por intereses políticos, económicos…por un caduco paradigma que se resiste a morir.
Hoy más que nunca, la hembra debe atreverse a rugir; a reencontrarse con su espiritualidad, con sus buenos instintos, con su sabiduría eterna; debe atreverse a esparcir su esencia reparadora a través de la escritura, de la danza, de la pintura, de todas las artes, y salir ya sin miedo de nuestro escondite; salir con la frente en alto...ya no pueden quemarnos en hogueras, ya no pueden encerrarnos en oscuros calabozos, ya no pueden aplastarnos el alma con  infundados preceptos de superioridad.
Clarisa Pinkola Estés, con una bellísima prosa logra unir dos palabras:  “mujer” y “salvaje”, lo hace para abrir una puerta que toda mujer comprende apenas las escucha. Esa puerta culturalmente cerrada, a veces olvidada, permanece en tanto una mujer, cualquier mujer, permanezca allí. Atenta. Viva. Hablando con su sombra, que es su loba, el dialecto secreto que las dos conocen desde siempre...

Les dejo la maravillosa “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés

Fotografía: Hiroshi Nonami