miércoles, 12 de junio de 2013

Stoker ( Lazos perversos ): Inquietante y fina poesía...


“Mis oídos escuchan los que otros no pueden…cosas pequeñas y distantes que la gente normalmente no ve son visibles para mí. Estos sentidos son el fruto de toda una vida de añorar. De añorar ser rescatada. Ser completada. Como una falda necesita al viento para hincharse. No estoy hecha de cosas que me pertenecen sólo a mí. Uso el cinturón de mi padre alrededor de la blusa de mi madre y zapatos que son de mi tío. Esta soy yo. Al igual que una flor no elige su color, no somos responsables de aquello en lo que nos convertimos. Sólo cuando te das cuenta de esto llegas a ser libre…”




Los que amamos la literatura y a su aliado el cine, sabemos de algunos creadores que van más allá de todo lo “convencionalmente establecido”…y es que precisamente de eso se trata hacer una verdadera obra de arte, de empujar ese límite etéreo entre lo ya dicho y lo aún por decir y hacerlo de manera tal que tenga la fuerza de convertirse en una memoria, en un recuerdo susceptible de ser detonado por cualquier elemento de la realidad visible ( o no) que nos deje de rodillas ante la magnificencia de aquella pieza que nos ha conmovido.
Ahora, es cierto que varias joyas de la literatura han sido “corroídas” en  manos de cineastas que no encontraron la manera de solventar su visión y tal vez podría ser esto la base de la “aparente contienda” entre ambos; pero también es real e innegable la presencia de un grupo de geniales creadores que viven en ese” más allá” en dónde, personalmente,  me gusta pensar que habitan los genios.
Hacer arte es hacer poesía.
Porque... ¿Qué es poesía sino la más pura expresión de todas las artes?
La belleza que apela a la más fina y exquisita exaltación de los sentidos…es ese encuentro con la vida “lírica” siempre latente en el corazón de un artista; y basta con sentarse frente a una escena plagada de la más refinada simbología onírica  para asistir a ese encuentro.
Park Chan- Wook es un director surcoreano alabado entre los círculos de culto como uno de esos poetas visuales  que aún defienden su autonomía artística a capa y espada.
Este año se estrenó su primera película en suelo americano: Stoker (Lazos perversos)
Personalmente, no sólo la esperaba por ser gran admiradora de Wook, sino que me seducía la idea de pensar en semejante poeta recitando en un idioma que en muchos casos resulta incomprensible para el cine actual.
Exquisitamente perturbaba.  Así me sentí al terminar de verla. Es más…descubrí que sí se puede experimentar ese estado.
Y es que la obra del genial director está orientada a eso, a desafiar las fronteras de la mente; nada más y nada menos y  para hacerlo  ha recurrido a un formato cargado de una belleza sin precedentes.
 Cada escena es una pieza maestra en sí misma; un viaje  hacia un “retorcido” mundo idílico en dónde nos encontramos cara a cara con la inocencia, la pureza y  la virginidad de una joven solitaria y enigmática llamada India ( interpretada por la bellísima Mia Wasakowska; aquella niña que Tim Burton convirtiera en Alicia en su país de las maravillas) que acaba de perder a su padre en un accidente automovilístico y que verá irrumpir en su vida y en la de su madre ( una siempre excelsa Nicole Kidman) , a un siniestro personaje que se presenta como su tío Charlie el cual, súbitamente,  le hará hacer contacto con los más oscuros paisajes de su personalidad.-
 “oscuros paisajes” que han de anticipar el fin del mundo conocido. El derrumbe de la niñez. La muerte y el resurgir.
Emulando en pequeños magistrales fragmentos al vampiro de Bram Stoker ( de allí precisamente el doble sentido del título)  Park Chan - Wook va a llevarnos de la mano a ser testigos de una trasmutación casi sagrada: en el interior de la extraña adolescente  dormita una bestia que ansia despertar, y  como una mariposa emergiendo de su crisálida, la veremos pasar de la niñez a la madurez  en los brazos de una imagen que – a mi entender- pasará a formar parte de las escenas más inquietantemente eróticas que he visto en mi vida.
Veremos como  la  “nínfula” de agudísima percepción sensorial hallará el sendero que la conducirá a su verdadera naturaleza.
Y es tan radical la pureza de esa migración, que absortos ante la crudeza de ese iniciático pasaje en el cuento gótico de Wook, será imposible no llegar a las fronteras de  un universo estético lleno de ideas visuales fascinantes y apabullantes a la vez, a  la musicalidad de un viaje por el insondable cosmos de los símbolos; a una poesía del más refinado talante que no todos son o han sido capaces de dar a luz y seremos devorados por todo ese conjunto que aunque transpira  perversa oscuridad se vuelve luz al final  al hacer contacto con nuestras retinas.
Lamentablemente, como toda obra de culto- y no porque “de culto” sea sinónimo de hermetismo- la realización del brillante director oriental no ha desbordado; como nos tienen acostumbrados las epopeyicas superproducciones del cine convencional, las salas cinematográficas del mundo y es una pena, una verdadera pena que de a poco, los espectros del consumismo vayan minando desde adentro nuestra capacidad de reconocer y celebrar la franca esencia del arte.

…Ojala  los artistas del mundo no dejen jamás de crear belleza; es una súplica más que un deseo, al fin y al cabo como dijo el maestro Dostoievski: “es la belleza la que salvará al mundo”.



Fotografía de Karol Bak