martes, 21 de mayo de 2013


Delirio


 
El mudo vaivén de las hojas
muriendo su otoño,
como espigas de agua mensajera,

divagan que son ninfas paseándose por el viento
mientras yo las observo agazapada en la proa
de mi nave silente.

Me explotan los sentidos
con  la tinta que transpira
desde las entrañas de la tierra

entonces me propongo salir/me de mí
hacia el reino del vacío
donde se acumulan las huellas de mi viaje.

¡Qué mundo! ¡Qué profundo el silencio!

Súbitamente tu mano invisible
despierta la memoria de mi piel dormida
y me estremezco.
Inevitablemente.

El ocaso enciende a sus
hijos que dormitan
y profetiza a viva voz  la suerte de mis días,
asistidos por la interferencia de tus roces:

¡Qué delirio en la eternidad de la nada!

…Pero el delirio es verte,
con el rostro blanco,
deambular por la casa,
vestida de muerte.


Fotografía: Emil Schildt


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