jueves, 30 de mayo de 2013


…Un camión choca con un tranvía, varios muertos, numerosos heridos y una muchacha que sale del accidente con tres fracturas en la pelvis, once en los pies, diversas en la columna vertebral y en las piernas. 
Si Frida hubiese sido una muchacha mansa, sencilla, hogareña, tal vez le hubiera sido fácil resignarse al sacrificio prescrito por los médicos e impuesto por los corsets de yeso de permanecer inmóvil durante un año en su lecho de inválida, y es seguro que si hubiera sido devota hubiera encontrado  en su propio tormento una especie de deleite espiritual…ese que alienta a los estoicos en sus penalidades.
Pero Frida no era mansa, ni devota.
Tan inquieta como osada;  pertenecía a una "pandilla" de estudiantes insumisos que alcanzaron fama y se hicieron temidos por hazañas semejantes a la de colocar una bomba junto al asiento de un maestro que por "reaccionario"... "les caía mal"
Esa chica, la estudianta belicosa que prefería el fútbol, la natación, y el ciclismo a las reposadas maneras femeninas; esa chica inquieta, dinámica, irreverente, se encontró súbitamente inmovilizada en una cama sin poseer siquiera el consuelo de la fe.
Cualquiera que no tuviera en su adentro la elevada ley que en aquel momento supo encontrar Frida en los paisajes de su alma, seguramente se hubiera dejado devorar por las garras de  la desesperación. Pero Ella, con una voluntad sinónimo del acero, supo encausar sus energías hacia los reinos de la creación y encontró, en la pintura, ese campo de batalla que la Medicina no pudo darle.
La obra de Frida es tan fuerte, tan profunda, tan humana y tan expresiva que habla por sí misma con tanta elocuencia que no necesita de programas que la expliquen, ni de literatura que aclare su significado.
Cada uno de sus cuadros son trofeos maravillosos, representaciones de una victoria ganada ante la ímproba y desigual batalla que sostuvo desde su sillón herido; cada uno de sus cuadros son en sí mismos la materialización de lo que ella quiso y no pudo ser.
En 1944, una columna jónica, partida en varios lugares, sustituye su columna vertebral; un corsé la sostiene recortándose sobre la desnudez de sus pechos, el cuerpo herido, la soledad…los clavos, verdugos del infinito sufrimiento.
Como un mártir cristiano se yergue la mujer rota pero estoica, intacta está su aura de guerrera invencida, de hembra feroz hasta en los poros formada de vísceras y de ensueños.
Ese pilar destrozado que aún la sostiene es un recuerdo sangrante de lo que ella ha vivido, un autorretrato de belleza singular que contribuye a reforzarla, a ensalzarla sobre el drama que vive su yo…el de afuera….en su interior está intacta como una virgen que no ha sido atravesada por el filo atroz de una espada.
Desde  los valles de ese planeta doloroso destellará la fiereza arrolladora de un testimonio sincero de humanidad. Nada en Frida será reflejo de irrealidad. Su cuerpo fraccionado; su vientre vacío, su amor tormentoso, su palabra inmortal, su mirada viva. Nada en Frida será desprovisto de sentido. El dolor le ha revelado los secretos más profundos de la vida y los traduce en una poética de la más fina y avasalladora pureza. Todo en Frida es vida, muerte y resurrección.
“Ya lo sé todo, sin leer ni escribir- le dice a su amigo Alejandro- Hace poco, tal vez unos cuantos días, era una niña que andaba en un mundo de colores, de formas precisas y tangibles. Todo era misterioso y algo se ocultaba; la adivinación de su naturaleza constituía un juego para mí. ¡Si supieras lo terrible que es alcanzar el conocimiento de repente, como si un rayo dilucidara la Tierra! Ahora habito un planeta doloroso, transparente como el hielo. Es como si hubiera aprendido todo al mismo tiempo, en cosa de segundos…
Y sabía de sí misma y se conocía como nadie, por eso se hizo inmortal en las luces de su pincel.
Existen “heroínas”  que son eternas aunque la erosión del tiempo modifique todos  los escenarios del mundo circundante, y en esa inevitable degradación del espacio que no perece y se reconstruye así  mismo, como en un ciclo imperecedero donde todo ES… vos, Frida, sos hermosa.


 La columna rota
Frida Kahlo, 1944

miércoles, 29 de mayo de 2013


"Tu cuerpo es un campo de batalla"

Bárbara Kruger es una de las artistas conceptuales que admiro profundamente. Con sólo una imagen y algunas palabras como: Tu mirada golpea mí mejilla, es capaz de dar una patada a siglos de dominación masculina.
"Your body is a battleground", fue diseñado en un principio para apoyar el derecho al aborto. Por un lado denuncia la búsqueda de la mujer de "ser completa" tal y como la mentalidad patriarcal lo impone y por otro reclama el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, un cuerpo real y vivido.
El feminismo ha regresado para vengarse del mundo del arte.
La historia del arte a situado al sujeto masculino en el centro mismo de la visión- es el que tiene el poder de mirar y reconocer-
El feminismo siempre ha intentado desarticular a ese sujeto interviniendo directamente sobre esa mirada centralizada.
El fuerte de la labor comenzó a partir de los años setenta de la mano de artistas, teóricas y activistas mujeres que lograron abrir la puerta hacia temas relacionados con políticas de identidad y minorías sociales.
Recabaron así sobre la tentativa de cambiar la historia, lo legítimo, los focos y lugares de producción, la visión de la mujer, así como sus representaciones en el arte tradicional.
Surgieron interrogantes tales como ¿Por qué no ha habido mujeres artistas de la talla de Miguel Ángel, Rembrandt o Picasso? ¿Por qué en la historia del arte occidental, hasta bien entrado el siglo XX, prácticamente no hay mujeres "innovadoras" o "exitosas"? ¿Por qué no se recuerdan mujeres artistas "geniales"? ¿Por qué la mayoría de las mujeres artistas vivieron a la sombra de sus maridos, amantes o mentores artistas?
Las respuestas llegaron con la conclusión de que durante prácticamente toda la historia de la humanidad el hombre había construido el mundo social, intelectual, artístico y religioso a su imagen y semejanza, dado que ellos detentaban el poder en la mayoría de los ámbitos de la vida. En este sistema centrado en los hombres, las mujeres habían tenido muy pocas oportunidades de desarrollar sus capacidades con el mismo alcance que los varones.
Así, en el campo artístico, la enorme mayoría de las obras las producían los hombres, para un público masculino y con mensajes que reflejaban sus sueños, sus expectativas y sus fobias.
Además, aunque el acceso de mujeres al estudio formal del arte no estaba prohibido, había políticas que de hecho limitaban su desarrollo profesional.
A través del arte, las feministas intentaron liberar a las mujeres de imágenes y actitudes negativas acerca de la anatomía y fisiología femeninas. Trataron temas tabú como el sentimiento ante la menstruación  y representaron imágenes realistas o simbólicas de vaginas, senos y otras partes de la anatomía que hasta entonces habían sido un "objeto" de la cosmovisión masculina.
 Celebraron el cuerpo femenino y su poder biológico, queriendo liberarlo de las exigencias sociales impuestas sobre él, de ser un objeto sexual o maternal, de ser perfectas según los estándares masculinos y cumplir con las exigencias de la moda; hicieron sus experiencias corporales un tema artístico para abstraer el cuerpo de la mujer de la mirada masculina y sus exigencias.
En sus palabras, pretendían "descolonizar el cuerpo femenino".
 Como objetivo;  se propusieron cambiar el cuerpo de objeto pasivo a agente comunicativo, creando imágenes corporales para un público femenino, reconociendo que la "feminidad" es una construcción social y por lo tanto no es una realidad estable.
En la década de los noventa, la escritora Naomi Wolf,  consiguió fama internacional con su  libro “El mito de la belleza”, en él argumenta una interesante teoría acerca del concepto de "belleza" como un valor normativo, que es construido por completo socialmente y que el patriarcado determina el contenido de esa construcción con el objetivo de reproducir su hegemonía. Critica  la moda y las industrias de belleza como instrumentos de explotación de la mujer.
La “belleza” es un modelo cambiario. Como cualquier economía, está determinada por la política, y en la era moderna occidental es el último y el mejor sistema de creencias que mantienen intacta la dominación masculina.
Las neurosis modernas del cuerpo femenino comenzaron a extenderse entre las mujeres como una epidemia, lenta e imperceptiblemente, sin que nos demos cuenta de la verdadera fuerza de la erosión que está minando el terreno que las mujeres habían ganado a través de una larga, dura y honorable batalla.
El mito actual de belleza es más pernicioso que cualquier otra mística de la femineidad. Hace un siglo, la Nora de Ibsen cerraba la puerta de su casa de muñecas; hace una generación, las mujeres le dieron la espalda al paraíso consumista del hogar repleto de electrodomésticos; pero en donde las mujeres nos encontramos atrapadas ahora no hay puerta que cerrar. Los estragos contemporáneos de este contragolpe están destruyendo físicamente y psicológicamente a las mujeres. Para liberarnos del peso muerto que una vez más se ha hecho la femineidad, lo primero que necesitamos las mujeres, no son ni votos ni manifestantes ni pancartas sino abrir los ojos para VERNOS.
Y es desde el arte el esfuerzo más dedicado en tratar de desenmascarar esta trampa solapada, haciendo hincapié en mostrar el cuerpo y el sexo con una total y absoluta libertad de prejuicios, orientado a una fase más existencial; en donde los principales temas planteados sean la identidad múltiple y la mascarada,  la biografía, la narratividad, y el desarrollo de nuevas formas expresivas que exhiban abiertamente la identidad y las  experiencias.
Nuevamente, el cuerpo femenino manifiesta el deseo de subvertir los códigos, deconstruyendo todas las construcciones y minando desde adentro los convencionalismos aún reinantes y lo hace con la certeza que el elemento subversivo más potente que existe consiste en mantenernos de pie. Siempre de pie.

 Imagen: "Your body is a battleground" de Bárbara Kruger, 1989
Comparto un link con algunas obras de ésta gran artista:  http://www.tumblr.com/tagged/barbara%20kruger

martes, 28 de mayo de 2013


“Entre los Siglos XV y XVII, unas 100.000 personas fueron quemadas vivas en Europa bajo acusaciones de brujería tras ser sometidas a tortura. De entre ellas, más del 80 % eran mujeres.”



Expuesta en la New Gallery en 1891,  la bellísima obra de John William Waterhouse “Circe ofreciendo la copa a Ulises” es una de mis obras favoritas. El genial artista inglés-dueño de una sensibilidad admirable- dibuja en el rostro de Circe ese instante crucial cuando segura, poderosa y triunfante le ofrece a Ulises la copa que contiene la poción que lo volverá un cerdo como al resto de su tripulación. En el catálogo apareció ilustrada con la siguiente frase: “Paño de gasa azul. En el suelo, a sus pies, están esparcidas violetas. Detrás de ella, Ulises avanza y sus galeras se vislumbran entre los pilares.”
El tema representado por John William Waterhouse se corresponde al momento en el que Ulises, en su regreso de la Guerra de Troya, desembarcó a la isla de Eea, habitada por Circe, una bella y poderosa maga.
Según el mito, la isla estaba repleta de cerdos y formas metamorfoseadas de hombres seducidos por sus potentes bebedizos de hierbas. Ulises perdió a toda su tripulación por sus encantos, pero armado con hierbas mágicas que Hermes le dio, consiguió deshacer sus hechizos y la obligó a liberar a sus hombres de sus formas de bestias.
... Desde la Antigüedad, numerosas han sido las figuras de mujeres destructoras, malvadas, que han usado sus encantos para seducir y, de paso, destruir a los hombres y que al final son reivindicadas por una figura masculina que irrumpe para establecer el orden y la moral.
 La dualidad que identifica al hombre con el bien y a la mujer con el mal, con la astucia, la monstruosidad, la locura, y con el empleo de artimañas y trampas para llevar al hombre a la destrucción.
Dualidad que desembocó en masacres innombrables que persisten como una mancha indeleble: hubo  mujeres injustamente marginadas a lo largo de la historia, torturadas y asesinadas por hechiceras, por brujas, cuando  en realidad fueron sabias conocedoras de los secretos escondidos en la naturaleza y de las leyes universales que los rigen. Mujeres que supieron nutrirse y recibir los saberes populares y ancestrales de su cultura contribuyendo a mantener viva la transmisión de la Cosmogonía, pues conocían las analogías que religan los planos del universo, desde los telúricos a los más elevados del empíreo.
Mujeres que sabían de las propiedades de las plantas, de los minerales y de los animales y de su sutil consonancia con los ciclos que describen los astros y las estrellas, y también de otras correspondencias con esferas invisibles del cosmos.
Mujeres que practicaron la ciencia hermética de la alquimia con la que elaboraban fármacos, ungüentos, pomadas, filtros y elixires…
Mujeres que  fueron sanadoras, curanderas, comadronas,  chamanas…
Mujeres que fueron transgresoras y que por serlo fueron demonizadas bajo el sello de un estigma que las llevo a la muerte.
Las hechiceras mitológicas de reputación tan odiosa en la tradición patriarcal, reaparecen como portadoras de una sabiduría oculta, hasta ahora incomprendida. Vienen a reivindicar a la mujer mística, conectada con la naturaleza de lo sagrado. A la mujer sabia, diosa rebosante de  la sabiduría de Gaia. Que  vive en armonía con todo el universo que la rodea. Que no necesita señor que la dirija ni sistema que la contenga porque conoce la plenitud de su verdadera esencia femenina…y hoy más que nunca tiene el cielo a su pies para desplegarla.

Circe Offering the cup to Ulises
John William Waterhouse, 1891

  

lunes, 27 de mayo de 2013



“Se quedó estupefacto Aquiles; se volvió seguidamente, y al punto

reconoció a Palas Atenea: sus ojos brillaban de un modo terrible».




…Atenea reina solemne en las cumbres de la sabiduría.
De la cabeza de Zeus ya nació mujer, completamente armada, desbordando saber, razón e inteligencia.
Señora de Atenas; con su Égida en el pecho y el casco que levanta para que se vea su rostro de mujer, enhiesta, majestuosa y triunfante.
Creó el olivo. Pero también fue inventora del arado, de la navegación, el carro, los números, el hilado, el tejido, la flauta, la trompeta.
Enseñó  a Erictonio a atar sus caballos al carro, y a Belerofonte a dominar a Pegaso.
Protectora de la crianza de los niños, y de las artes, del cielo claro y el aire puro. Diosa del buen consejo, encargada del cumplimiento de las leyes.
Ayudó a Aquiles en su pelea con Agamenón pacificando su espíritu, enseñó a Heracles a despellejar al león de Nemea, guió a Perseo para decapitar a la Medusa, ayudó a Odiseo disfrazándole como un anciano para que recuperara su reino, ayudó a Hércules a matar a la hidra de Lerna…
La diosa griega ha sido personificada incontables veces en casi todas las manifestaciones del arte, ella es en sí misma, una figura icónica sin tiempo que representa los dones de la mujer independiente.
 Gustav Klimt hizo- a mi entender- una de las representaciones más controversialmente bellas y modernas de Atenea que alcanzó en su momento, el más alto grado de sofisticación en la representación de la mujer: En un lienzo cuadrado con marco metálico diseñado por él mismo, la diosa es representada armada, con sus símbolos iconográficos. En la mano derecha sostiene una bola a modo de cetro con una Nuda Veritas, símbolo del triunfo del arte auténtico y entre sus cabellos se aprecia  la cabeza de Medusa como un medallón con el poder de petrificar a sus enemigos- algunos especialistas consideran que Klimt plasmó la primera imagen de una mujer que subyuga al hombre-
El genial pintor la eligió como símbolo del movimiento artístico renovador al que perteneció durante algunos años, la llamada Sezession.
Nacido en Francia a finales del XIX, este movimiento pretendía dar un vuelco a las artes anquilosadas en el pasado y cambiar los cánones. Así nació el modernismo, que llevaría al art nouveau primero y al art déco después, con Palas Atenea flameando la bandera de la profunda renovación.
Su imagen sufrió varias transformaciones a lo largo de los siglos, incorporando nuevos atributos, interactuando con nuevos conceptos e influenciando otras figuras simbólicas; fue usada por varios regímenes políticos para la legitimación de sus principios, penetró inclusive en la cultura popular; su intrigante identidad de género ha sido de especial apoyo para los escritores ligados a los movimientos feministas y a la psicología e incluso algunas corrientes religiosas contemporáneas volvieron a darle la verdadera adoración.
Durante siglos el papel de la mujer como creadora en el arte fue siempre marginal. Ocupo, por el contrario, un papel fundamental como objeto artístico: paradigma de la maternidad por un lado, y objeto del deseo masculino, por otro. Pero en el siglo XX las cosas cambiaron. La mujer creadora irrumpió con fuerza en el mundo del arte haciendo oír su voz y asaltó el centro activo de la creación artística ¿Qué otra figura podría ser representativa de esa mujer creadora, sabia e iluminada, que combate con justicia frente a la feroz niebla del olvido y del anonimato sino la insumisa guerrera griega?
Esa mujer que mira con ojos azul de hielo es La Mujer. La diosa  por antonomasia.
Aunque tiene más de treinta y cinco epítetos, además de Palas, que la describen como guerrera que combate delante, protectora de Atenas, de Esparta, de Argos, Gortinos, Lindos y Larisa, de la Acrópolis; consejera, defensora de la bahía, de los bueyes, de la navegación incansable…es la Atenea que regresa, siempre ambigua, combativa y revolucionaria a ocupar el lugar que le corresponde con indomable vigor en ésta nueva era femenina en donde Shakespeare sí que puede ser una mujer…


Palas Atenea, Gustav Klimt 1898
Atalanta, la cazadora


Una Atalanta de Guido Reni que tras haber sido abandonada en un bosque se convierte en una gran cazadora que se sabe capaz de competir con los hombres siendo más veloz que ellos convive con la aguadora de Goya, conversa en silencio con Laura, la hermana de Edvard Munch, ensimismada en su esquizofrenia de mirada perdida, mientras la Diana Cazadora de Rubens se pregunta qué leerá la mujer sentada en la cama de una Habitación de hotel, la gran obra de Hopper, cuya protagonista, no exenta de melancolía, sostiene entre las manos algo parecido a un libro: no es un breviario, no es una carta de amor, ni siquiera es su diario personal, es un horario de trenes que consulta mientras está instalada en su improvisado cuarto con las maletas aún sin deshacer. Es una mujer viajera…
Desde la mitología griega hasta las obras  más subversivas del arte contemporáneo, las mujeres han sido caracterizadas fuertes, activas, independientes, dominadoras o desafiantes, alejadas de los modelos sumisos y pasivos, complacientes, vencidas o esclavizadas.
Cazadoras, atletas, acorazadas, pintoras, guerreras, místicas, escultoras, amazonas, magas…insumisas que han dejado en la historia del arte huellas indelebles  que se sostienen en el tiempo como una fuente  inagotable de “empoderamiento” para la mujer.
Esta semana, los invito a que junto a nueve Musas emprendamos un recorrido alucinante sin orden cronológico por el vasto universo femenino recuperando a esas féminas y a sus icónicas representaciones…

viernes, 24 de mayo de 2013


"La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia".
Espero que encontréis, a tuertas o a derechas, bastante dinero para viajar y holgar, para contemplar el futuro o el pasado del mundo, soñar leyendo libros y rezagaros en las esquinas, y hundir hondo la caña del pensamiento en la corriente".
De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida, al parecer, estimulante, os sea o no os sea posible comunicarla".

Han pasado más de 80 años desde que la gran Virginia Woolf dejó impreso un mensaje de independencia para la mujer, y lo hizo con un fundamento tan magistral que a pesar del infrenable paso del tiempo sus palabras continúan vigentes con el mismo ímpetu de aquel momento.
En 1928, le pidieron la clave para ser una buena escritora. Ella concluyó que, antes de poder tratar con propiedad ese tema, las mujeres tendrían que contar con una renta de 500 libras anuales, y un cuarto propio, con cerradura.
Esa “habitación propia” constituye un espacio  para expresarnos sin reservas ni cuestionamientos, para fluir en libertad, para florecer con autonomía, para brillar desde nuestra esencia femenina…
Una habitación propia que representa,  nada más ni nada menos, que el maravilloso regalo de nuestra emancipación como género.
Desde mis Musas-mi amada habitación propia- nos  exhorto a seguir escribiendo todo tipo de libros, aunque no seamos grandes escritoras…porque sólo así construiremos la base en la cual tarde o temprano se cimentará la verdadera igualdad.
Gracias por esta semana junto a Nueve Musas, y por haber viajado conmigo por los valles del maravilloso universo femenino y la magia sus letras…

Comparto con ustedes una de las obras más geniales de la, siempre eterna, Virginia Woolf "Una habitación propia" http://biblio3.url.edu.gt/Libros/wilde/habitacion.pdf

Fotografía: Joyce Tenneson

jueves, 23 de mayo de 2013








¿Cuánto vive el hombre, por fin?
¿Vive mil días o uno solo?
¿Una semana o varios siglos? ¿Por cuánto tiempo muere el hombre?
¿Qué quiere decir "Para siempre"?

Pablo Neruda














Yo soy una “memoriosa” empedernida. No puedo evitarlo. Vivo atenta al mundo que me rodea-consciente o inconscientemente- al que puedo palpar con los sentidos convencionales y al que sólo puedo acceder con esos “otros sentidos” a simple vista, invisibles.
Vivo rodeada por miles de frases e incontables historias que por “fraternidad etérica” han llegado hasta  mis manos…
Y es por eso que escribo-o intento hacerlo- porque a mis 36 años aún no puedo ni quiero  salirme del asombro que me provocan y que irremediablemente me conectan con la esencia más pura de mi imaginación; con los sueños que sueño, cuando sueño; con las luces de la  tinta de mis dedos cuando me aventuro a la colosal tarea de desencriptar universos.
Hablar de la primera novela que cimentó el éxito fulgurante de Isabel Allende es hablar de una de esas historias apasionantes que siguen presente en mi mente como si no hubieran pasado más de diez años que llegó a mi biblioteca.
Fantasmas, cabellos verdes, videncias, atmosferas extravagantes, mágicos mundos, mansiones versallescas, Barrabás llegando por vía marítima…
Todo en “La casa de los espíritus” es un viaje que desborda y atrapa desde la primera frase en la cual la gran escritora chilena nos introduce a la saga familiar  de los Trueba, poderosos terratenientes latinoamericanos, como en un caleidoscopio de historias asombrosas, donde el tiempo no es seguido por relojes ni calendarios, donde los objetos se animan, y los aparecidos se sientan a la mesa y dialogan con los humanos, donde el pasado y el futuro se mezclan y el presente y su realidad giran como en una calesita de la vida en donde todo es posible.
Un inquebrantable reino matriarcal, profundamente femenino es el escenario principal.
En él, la mujer es el eje alrededor del cual gira la vida y la muerte, los nacimientos y el dolor por los cambios sociales. Nívea, Rosa,  Clara, Blanca, y Alba oficiando de una especie de relevo espiritual y social que se volverá un canal de redención necesario para cerrar con maestría una epopeya, una épica inolvidable en donde todo se entrelaza con los acontecimientos de la época, con sus cambios y transformaciones y con las consecuencias de esas mutaciones sociales impredecibles. El esplendor primero de la familia y luego la decadencia, abarcando casi un siglo que trata de ser un racconto detallado del destino de toda Latinoamérica.
Será Clara del Valle, viva y extraordinariamente fantasmal, referencia indiscutible al realismo mágico, la que sostenga de una punta a la otra el equilibrio de ésta maravillosa  fábula,
Será esa niña hipersensible que desde muy temprana edad destacará por sus poderes sobrenaturales, por leer la suerte y predecir el futuro, por amar a Esteban Trueba, el despótico patriarca que pudo desde la nada construir con mano de hierro un poderoso imperio, por representar a la mujer mística, profundamente espiritual, rebosante de bondad, dueña de una fuerza extraordinaria y de una determinación que a la larga será el sostén de ese hombre autoritario ,devastado con el paso de los años, y que jamás pudo dominarla ni despojarla de su pureza y su luminosa esencia.
La casa de los espíritus es indiscutiblemente una de las grandes novelas del siglo XX. Primero por su sinceridad al traducir la complejidad de la vida en literatura. Segundo, por hacerlo asociando espiritualidad y filosofía, realidad política y poética de una manera tan eficaz y sorprendente, que es imposible no reconocerle a esta brillante escritora el trono que ocupa como una de las grandes artistas que ha parido nuestra América.
…Recuerdo que al terminar el último capítulo no pude evitar pensar que contar historias es como ser un fantasma que levita traspasando las líneas que separan fronteras; es haber nacido clarividente, es tener pelo verde y facciones de pez, es deambular por mansiones de formas extravagantes, es ser testigo del mundo a través de un mágico caleidoscopio, es dibujar en un papel en blanco sueños posibles con corazón de tinta….


Les dejo un link con "La casa de los espíritus", no dejen de leer esta bellísima novela.

Fotografía: Joyce Tenneson

miércoles, 22 de mayo de 2013



" EL QUE NO SABE AULLAR, NO ENCONTRARÁ SU MANADA"

“Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.
Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.
Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán 3 en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.
La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.
Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.
Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.
La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.
La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.
En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.
Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa… una cosa del alma”



Necesitamos ponernos de pie y aullar desde las tripas. Necesitamos recordar nuestras garras ancestrales. Nuestra llama interior. Volvernos hacia adentro para encontrarnos de frente con la salvaje manifestación de nuestra femineidad; salvaje porque es pura y libre y capaz de cruzar hasta los confines del infinito descalza y con el pelo suelto llevando vida entre las manos; blandiendo una antorcha de triunfo: grito de una libertad interior que no ha sido ni será doblegada.
Necesitamos volver a sentirnos hembras, reflejo de la prístina madre naturaleza; hembras sanas, fuertes, perceptivas, indómitas, de aguda intuición, de arrolladora resistencia, de fiera valentía, de inconmensurable poder: Poder que es el vigor de la tierra.
Somos la nueva era. El siglo de las luces que despunta en el cosmos.Somos el antídoto para Gaia que perece lentamente.Somos la Diosa madre que repara y zurce y cura y reconstruye con amor las entrañas del universo que celebra con algarabía el resplandor de nuestros cuerpos destellando agua nueva.Somos mujer.
Es probable que no suceda de nuevo, que jamás vuelva a escribirse un libro tan profundo y revolucionario como este. Un libro que no solamente abarca prácticamente todos los géneros literarios- ensayo, novela, cuento, poesía, mito, leyenda- sino que logra, con una exquisitez que apabulla, referirse a los arquetipos que habitan dentro de cada mujer de una forma tan innovadora, que aunque pasen los años será difícil, para quien tuvo la suerte de perderse entre sus letras, poder olvidar lo que la doctora Clarissa Pinkola Estés dejó acuñado en cada una de sus páginas.
“Mujeres que corren con los lobos” es una joya repleta de claves para interpretar el espíritu femenino en un sentido más verdadero, ese sentido que lleva el conocimiento al alma.  
A través de diversos cuentos populares, la autora nos ofrece una oportunidad para plantearnos y comprender mejor nuestras experiencias vitales, despertar nuestro adormecido estilo de vida en la sociedad actual y resurgir a la mujer salvaje plenamente consciente de su capacidad revitalizadora, pues toda mujer, sin excepción, alberga a esa “loba” que indefectiblemente nos llena de energía y nos devuelve al seno de nuestro poderoso instinto. Hacer aparecer “esa naturaleza instintiva”, significa aceptar el propio cuerpo, con orgullo, hablar y actuar a favor de una misma, mantener firme los valores sin aceptar lo que la sociedad patriarcal imponga en un intento de acabar con nuestra vida natural. Es despertar a la creatividad, al amor, a la integridad de nuestro género.
Existen factores en las distintas culturas que han ido minando en el sexo femenino su verdadera naturaleza. Sistemas opresivos revestidos en muchos casos de las más atroces crueldades-algunos de los cuáles lamentablemente aún sobreviven en pleno siglo XXI- sistemas amparados bajo la tela de las tradiciones y la cultura; sistemas que aún son apuntalados por intereses políticos, económicos…por un caduco paradigma que se resiste a morir.
Hoy más que nunca, la hembra debe atreverse a rugir; a reencontrarse con su espiritualidad, con sus buenos instintos, con su sabiduría eterna; debe atreverse a esparcir su esencia reparadora a través de la escritura, de la danza, de la pintura, de todas las artes, y salir ya sin miedo de nuestro escondite; salir con la frente en alto...ya no pueden quemarnos en hogueras, ya no pueden encerrarnos en oscuros calabozos, ya no pueden aplastarnos el alma con  infundados preceptos de superioridad.
Clarisa Pinkola Estés, con una bellísima prosa logra unir dos palabras:  “mujer” y “salvaje”, lo hace para abrir una puerta que toda mujer comprende apenas las escucha. Esa puerta culturalmente cerrada, a veces olvidada, permanece en tanto una mujer, cualquier mujer, permanezca allí. Atenta. Viva. Hablando con su sombra, que es su loba, el dialecto secreto que las dos conocen desde siempre...

Les dejo la maravillosa “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés

Fotografía: Hiroshi Nonami

martes, 21 de mayo de 2013


Delirio


 
El mudo vaivén de las hojas
muriendo su otoño,
como espigas de agua mensajera,

divagan que son ninfas paseándose por el viento
mientras yo las observo agazapada en la proa
de mi nave silente.

Me explotan los sentidos
con  la tinta que transpira
desde las entrañas de la tierra

entonces me propongo salir/me de mí
hacia el reino del vacío
donde se acumulan las huellas de mi viaje.

¡Qué mundo! ¡Qué profundo el silencio!

Súbitamente tu mano invisible
despierta la memoria de mi piel dormida
y me estremezco.
Inevitablemente.

El ocaso enciende a sus
hijos que dormitan
y profetiza a viva voz  la suerte de mis días,
asistidos por la interferencia de tus roces:

¡Qué delirio en la eternidad de la nada!

…Pero el delirio es verte,
con el rostro blanco,
deambular por la casa,
vestida de muerte.


Fotografía: Emil Schildt


Los invito a conocer la Colección Nueve Musas

"Ariadna se buscó desde siempre oscuros aliados -tal vez porque había sido engendrada una noche sabática de algún año bisiesto-, seres que, como ella no pudieron subsistir en aquel orden acerado, en aquel mundo aséptico y resplandeciente, seres que supieran orientarla por lo mismo en su vuelo hacia las tierras de Nunca Jamás, para encontrar allí una casita subterránea, un verdadero hogar para niños perdidos, un refugio cálido y cerrado, donde no pudiera penetrar la luz excesiva del sol ni las terribles miradas de los ojos azules. Y allí surgió, compañero de juegos, nacido entre la terrible soledad de Ariadna, el Minotauro, y crecieron los dos juntos en las profundidades húmedas, donde brotaban extrañas flores carnívoras purpúreas, y había ciénagas insondables de arenas cálidas, había reptiles de un verde hermosísimo, de cuerpos escamosos y colas interminables, reptiles que no habían subido jamás a la superficie. Allí jugaron y se amaron durante años Ariadna y el Minotauro..."

Hay historias que llegan porque deben hacerlo. Es como si tuvieran una impronta ancestral, una especie de mandato  intangible que debe obrar en nosotros de alguna manera. 
Y debería ser fácil hablar de esas historias que nos tocan profundamente. Debería serlo pero no lo es. 
Es como si en nuestro interior obrara una suerte de “inocente egoísmo”; como si en el inconsciente algo nos impulsara a conservar cada una de las vivencias, a dejarlas intactas;  por miedo tal vez a que una mínima gota del aire exterior pueda erosionar su belleza y ya no sean esas mismas reinas blancas y puras que nos levitan en el alma recordándonos de a ratos el gusto de esa satisfacción cuando fueron encontradas y atesoradas.
El mismo mar de todos los veranos de Esther Tusquets es una novela que se quedó conmigo, muy adentro de mi corazón poeta.
Podría empezar diciendo que fue publicada en 1978. Que está ambientada en Barcelona en los años setenta, y trata de la breve  relación amorosa entre una profesora de literatura de la universidad y su joven estudiante de Colombia, Clara. Que la protagonista y narradora es una mujer de mediana edad perteneciente a la alta burguesía catalana, que está casada con un director de cine y tiene una hija adulta, que cuando empieza la narración, la protagonista ha buscado refugio en la vieja y desocupada casa familiar, a raíz de que su marido la ha traicionado una vez más y que en su estado de crisis, revalora su existencia y recuenta las historias de su vida, primero a sí misma y luego a Clara. Qué está escrita en un estilo literario complejo, con frecuentes referencias intertextuales tanto a la mitología griega como a clásicos literarios y cuentos infantiles. Que se escribió durante los años de la transición española, cuando el país dio el paso a la democracia tras la muerte de Franco en 1975. Que el régimen franquista y la Iglesia Católica habían impuesto una moral estricta según la cual la sexualidad sólo estaba permitida en el seno del matrimonio y con una finalidad reproductiva y que, desafiando los resabios del sistema represor, Esther Tusquets eligió escribir su primera novela sobre un tema que había sido tabú en la sociedad y casi invisible en la literatura española: el deseo sexual entre dos mujeres.
En  la historia de amor de veintitantos días con Clara, Esther Tusquets, plantea, recurriendo a un discurso rico y eficaz, valores humanos y por ello universales.  Plantea igualmente la lucha entre sueño y realidad, entre dolor y gozo, a la vez que se hilvana un examen sobre la situación de la mujer  en la sociedad y sobre su búsqueda de independencia y libertad. Pero no es un documento histórico ni una biografía, se trata simplemente del retrato de una vida. Una novela de mujeres en la que los hombres son eslabones secundarios de la trama. Un relato de tristeza infantil, una historia pequeña y discreta.
La cicerone de la obra es una mujer que fue una niña mal aceptada por su madre. Una hija que no colmó las expectativas de una madre altiva y egocéntrica, una madre que buscaba una copia de sí misma. 
Casada con un hombre al que nunca quiso. Casada por dejarse llevar mansamente donde los demás querían que fuera después de haber perdido la ilusión. Una mujer poseída por un marido infiel que no comprende que no hay falta que hacerse perdonar porque no hay sentimientos hacia lo que él es y hacia lo que él representa. Una mujer que habita un mundo de ensueño.Una mujer que se siente huérfana de madre, huérfana de hija y bastarda del amor. 
Una fémina solitaria que busca salir de la tierra de nadie en la que ha sido encarcelada.
Una dama que encuentra tiempo y soledad para rearmarse tras un nuevo naufragio en su vida,  que vuelve a encender las llamas de las velas blancas, que vive en la soledad máxima sin más compañía que sus fantasmas y sus ensoñaciones. Una lesbiana obligada a vivir una farsa. Forzada a representar los papeles que le asignan los demás. Nadie le pregunta, a nadie puede confiárselo. Todos la vigilan, nadie la consuela ni intenta comprenderla. Una mujer melancólica, herida, curada y herida aún más profundamente.
Encarcelada en una torre de marfil sin puerta, que no tiene más salida que aquella que está más allá de los resguardos de su balcón. Una Rapunzel que no lanzará su rubia trenza después de oír la llamada de un príncipe.
Un ser humano que se siente vacío, más vacío de lo que nunca nadie podría imaginar.
Una flor marchita  antes de tiempo que busca una primavera que le devuelva el color. Una planta dada por muerta que brota con más energía que nunca y que se lanza a una carrera por alcanzar el sol.
El mismo mar de todos los veranos es una historia de espectadores que desean ser protagonistas pero no tienen valor o les falta el empuje para saltar a las tablas e interpretar el papel que han memorizado años atrás. Su columna vertebral es una actriz de la vida diaria que siempre abandona el monólogo en el mismo punto y no es capaz de continuar aun a pesar de desear acabar de una vez por todas esas líneas que se le atragantan.Una acróbata sin fuerzas para saltar el abismo de la ilusión que busca desesperadamente un empujón para atreverse a cruzar el puente de cuerda que va rompiéndose, a cada paso, y se convierte en un camino de ida sin retorno posible.
Una Ariadna abandonada en Naxos por un Teseo egoísta que mató al Minotauro para después dejarla a merced de Dionisios.
Un personaje luminoso embarrado en el charco de la mediocridad. 
Una niña adulta que se siente Alicia en el país de las maravillas y que por fin encuentra a su hada tropical para seguirla hacia el reino de Nunca Jamás: una princesa “azteca” -algo desgarbada- que será vigía de esa princesa que nunca fue suficientemente princesa. 
Una chiquilla eterna que sobrevive a la crueldad de los demás y se enamora de esa Wendy que ha logrado por fin  coserle su sombra a los zapatos.
El otro gran protagonista  es ese mar de todos los veranos. Un mar blanco, mar de la imaginación, mar verde, mar de felicidad. El mar azul, el mar de la angustia. El mar picado, el  mar del cielo. El mar ocre, el  mar de hojas caducas. El mar rojo, el  mar del remordimiento. El mar gris, el mar de los desconocidos. El mar púrpura, el mar de las oportunidades despreciadas. El mar naranja...siempre el mismo mar.
 Hay historias que llegan porque deben hacerlo. Es como si tuvieran una impronta ancestral, una especie de mandato  intangible que debe obrar en nosotros de alguna manera. 
Mágicas historias sin tiempo y sin exclusivos destinatarios que logran despabilarnos el alma y conectarnos con el motor interno de nuestra aura; y nos transforman, nos muestran que el amor es la sanación, el “reiki” que desciende desde el centro del cosmos para liberarnos de la pesada carga de la melancolía. 
Hay historias con vida propia que viajan hasta nosotros sorteando distancias, edades, tiempos…es como si hubieran estado palpitando en silencio desde antes, a la espera del momento oportuno, para irrumpir sin aviso en nuestras vidas a encendernos de nuevo.


Fotografía: Jaroslaw Datta

Lamentablemente no hay en la red una versión en PDF de esta maravillosa novela pero les dejo un link en donde conseguirla. http://www.amazon.es/mismo-todos-veranos-Biblioteca-Escritoras/dp/8470397680

lunes, 20 de mayo de 2013



A todas las mujeres que sufren y han sufrido en vano…

“El dolor no se atenuaba. ¿Cómo iba a atenuarse? En cualquier caso, aprendimos la lección más importante para toda mujer: debíamos obedecer por nuestro bien. Ya en aquellas primeras semanas empezó a formarse una imagen de lo que seríamos las tres cuando alcanzáramos la edad adulta.
Un día, mientras daba una vuelta por la habitación, oí un crujido. Se me había roto un dedo del pie. Pensé que el sonido era algo interno de mi cuerpo, pero fue tan fuerte que lo oyeron todas las que estaban allí. Mi madre me clavó la mirada. - ¡Por fin adelantamos algo!
Seguí caminando, pese a que me dolía todo el cuerpo. Al anochecer ya se me habían roto los ocho dedos que tenían que romperse, pero seguían obligándome a andar. Notaba los dedos quebrados con cada paso que daba, porque bailaban dentro de los zapatos. El espacio recién creado donde antes había habido una articulación se había convertido en un gelatinoso infinito de tortura. El frío del invierno no había empezado a anestesiar las atroces sensaciones que atenazaban mi cuerpo. Aun así mi madre no estaba satisfecha con mi docilidad. Aquella noche mandó a Hermano Mayor traer un junco cortado de la orilla del río. Durante los dos días siguientes me golpeó con él en la parte posterior de las piernas para que no parara..
El día que me cambiaron las vendas, sumergí los pies en el agua como de costumbre, pero esta vez el masaje para dar forma a los huesos fue más espantoso que nunca. Mi madre tiró de mis dedos rotos y los dobló hasta pegarlos por completo a la planta de los pies. En ningún otro momento percibí tan claramente el amor de mi madre.
-Una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida –repetía una y otra vez para inculcármelo bien- . La belleza sólo se consigue a través del dolor. La paz sólo se encuentra a través del sufrimiento”.

Pocas veces me he quedado sin palabras y absorta ante la imposibilidad de describir una emoción;  pocas veces me he quedado casi estática buceando en las profundidades del lenguaje intentando encontrar calificativos apropiados para referirme a algo que inevitablemente me ha avasallado.
Me sucedió con la obra de Lisa See.
-Llevo un par de días pensando, casi preocupada, en cómo escribir acerca de este cuento hermoso y hacerle justicia solo con un puñado de frases, espero lograrlo-
“El abanico de seda” de Lisa See es una historia excepcional y  extraordinariamente bella. Cruda como pocas. Es una historia de mujeres, de la profunda amistad entre dos mujeres inmersas en la inclemencia de un sistema tradicional, cruel y marginal.
 Como lector uno sabe cuando está frente a una joya, es instantáneo, se trata de ese hilo invisible que nos conecta con el cosmos de las letras; me sucedió inevitablemente cuando tuve entre mis manos esta novela  y a los tres días de haber comenzado ya me encontraba sumergida en el mundo de Lirio Blanco y Flor de Nieve.
Como en una elegante leyenda oriental, la autora nos cuenta, con un fino y cuidado lenguaje,  la historia de Lirio Blanco, una tímida niña de siete años, hija de una humilde familia de campesinos que será hermanada con Flor de Nieve, una niña de noble ascendencia que vive en un pueblo lejano. Al estar predestinadas por haber nacido el mismo día, a la misma hora y con sus ocho caracteres correspondiendo en perfecta armonía, ambas se convertirán en “laotong” ( mi otro yo o alma gemela) por medio de una ceremonia ancestral; que es incluso más importante que el matrimonio.
Desde el principio, y a lo largo de los años, Lirio Blanco y Flor de Nieve se comunicarán  intercambiándose mensajes en “nu shu” escritos en un abanico de seda que las sirvientas llevarán de una casa a la otra. En abanicos y pañuelos darán cuenta de lo que nadie conoce: sus más íntimos pensamientos y emociones, y gracias a esa vía secreta se consolarán de las penalidades del matrimonio y la maternidad.  Poseer un “alma gemela” les proporciona a las dos momentos de alegría y felicidad, así como viajes y salidas que nunca hubieran hecho de no poseerla.
El nu shu, el lenguaje secreto de la mujeres,  las mantendrá intensamente unidas.
Hace 1700 años, las mujeres chinas carecían de educación formal y vivían sometidas en casa de sus padres y luego en casa de sus maridos. Expulsadas del idioma de los hombres, deciden inventar un idioma propio, el Nushu, que en chino quiere decir escritura de mujeres.
 Esta respuesta genérica ante la exclusión se expandió en redes afectivas, acuerdo entre madres e hijas, entre amigas, vínculos más fuertes que la sangre misma. "Hermandades Juradas" que repartieron los mensajes cotidianos, las emociones, los deseos y los sueños que vivían a diario las campesinas analfabetas, las mujeres sometidas.
Desde que en 1998 fue descubierto este lenguaje secreto por una profesora china, muy poca documentación ha podido ser recuperada, pues era costumbre que las mujeres muertas se llevaran a la tierra o a la ceniza todo aquello que había sido parte de su naturaleza rutinaria. Uno de estos documentos rescatados dice: "Los hombres se atreven a salir de casa para enfrentarse al mundo exterior, pero las mujeres no son menos valientes al crear un lenguaje que ellos no pueden entender". Huanyi, la última mujer que habló esta lengua, afirmaba: "Hizo nuestras vidas mejores, porque nos ofreció un modo de poder expresarnos".
Ya  Nonagenaria, Lirio Blanco, será la encargada de relatarnos su historia, así como la historia de su entorno, denunciando al mismo tiempo el sufrimiento, las injusticias y las humillaciones a las que eran sometidas las mujeres chinas de la época- Es impactante la descripción del vendado de los pies a la edad de 9 años para conseguir unos minúsculos “lotos dorados”-
Con una narración exquisita y una poesía magistral, Lisa See nos enseña un mundo desconocido, escenario de una historia, sin lugar a dudas conmovedora, que nos dejará un profundo e inolvidable mensaje. Sabremos del nexo amoroso que siempre ha existido entre las mujeres, ese vínculo que nos ha mantenido erguidas ante la tiranía y el despotismo. Una unión ancestral que nos ha elevado por sobre hogueras, injurias, calumnias, piedras y torturas; una conexión de empatía indestructible que nos ha ayudado a sobrevivir intactas a los más terribles e inentendibles sistemas de sometimiento, un lazo,  grito silente, pedido fervoroso de respeto e igualdad.
Ninguna cultura debería justificar la crueldad. Ninguna tradición debería apañar la sumisión, ningún rasgo de nuestra humanidad debe ya ser indiferente a semejante locura...
“El abanico de seda “es una novela inolvidable, capaz de remover cada fibra sensible y que bien podría ser un testimonio más que no debe morir en las cenizas del silencio…

Fotografía: Sayaka Maruyama

Les adjunto un link con la extraordinaria novela de Lisa See
http://share.pdfonline.com/b3ee70c500944434976e27220df21a35/El%20abanico%20de%20seda%20-%20Lisa%20See.htm

Nu-Shu, el idioma secreto de las mujeres  http://agendadelasmujeres.com.ar/pdf/nushu.pdf


La huella de las mujeres en el arte es imborrable y en la escena literaria,  indiscutible. 
Hoy, cada una de las féminas que alzaron su voz para trascender el pesado hierro del patriarcado en tiempos hostiles, cuando la divergencia y la injusticia eran la moneda corriente de un sistema, merecen un lugar de privilegio en la historia de la cultura; ellas fueron la antesala de cada uno de los espacios conquistados; espacios que siguen abiertos gracias a la labor de  miles de artistas femeninas que continúan luchando por el desarrollo de raíces más profundas que logren devastar el ingrato campo de las desigualdades.
Hubo mujeres que escribieron historias memorables…
 Historias que son el origen de otras que hoy coronan el siglo de la mujer con una fuerza incontenible…historias que seguramente serán inmortales en el lienzo de nuestra memoria.
Esta Semana los invito a que junto a Nueve Musas, nos perdamos en la geografía de algunas grandes novelas “escritas por mujeres”. 
El viaje promete; la pluma femenina tiene un tono propio a la hora de hacer literatura y siempre es grato descubrir las exquisitas estepas del universo femenino…


Fotografía: "Abyss" de Hiroshi Nonami

sábado, 18 de mayo de 2013







Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él, desde el primer momento, como los pájaros a los hombros de San Francisco de Asís.
Solo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje . Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días es mudo. Solo la casualidad nos habla…




Pocas novelas han dejado en mi vida interrogantes tan profundos como la obra del maestro Kundera. Pocas lecturas han sobrevivido intactas y con tanto ímpetu en los incontables laberintos de la voracidad de mi mente. Y es que  “La insoportable levedad del ser” es el sueño de todo lector y el de todo escritor que ha atravesado ciertas y determinadas barreras y puede darse el permiso de animar  a partir de una premisa filosófica  una historia de seres humanos amantes y amados, cautivos en sus propios cuestionamientos con  referencia a su propio ser y que esos cuestionamientos sean tan profundamente universales como tratar de explicar la compleja paradoja del amor que nos sitúa siempre en un punto que se diluye por sí mismo.
 ¿El peso o la levedad?
La carga de la realidad o la liviandad de su ausencia.
Dejar entrar al amor o intentar huir de él permanentemente.
Dejar que imprima su peso en nosotros, con todo lo que esto conlleva o quedamos flotando, insoportablemente leves,  bien alto, por el aire, distanciados pero tan libres como insignificantes…
La eterna complejidad de relacionarse, los celos, la libertad, los sentimientos, la sexualidad, el erotismo…el encuentro consigo mismo en el espejo del otro;  ningún otro autor- a mi entender- tuvo la pericia de indagar con tanto atino la naturaleza amorosa del ser humano y hacerlo  como un cirujano de fino bisturí, empujándonos a un insondable abismo, dejándonos sobre los hombros la pesada carga de elegir y de tener que definirnos en esa elección.
¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer”
El amor es ese “peso” , es esa “ caída” que nos libera de la liviandad.
El amor es esa “fisura” entre la imaginación y la realidad, esa llama azul que brota del erotismo y la sexualidad.
 El amor es nuestra sabiduría más trascendental…

Gracias por esta semana junto a Nueve Musas. Gracias por bucear conmigo entre los túneles de mis pasiones literarias. Gracias por estar.
Les dejo una de mis novelas preferidas;  “ la insoportable levedad del ser” de Milan Kundera.


Fotografía: Anka Zhuravleva

jueves, 16 de mayo de 2013



“Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo. Si eso llega a pasar, el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo…"


“Como agua para chocolate” es una expresión mejicana que significa que algo está a punto de perder el control, en referencia a la temperatura justa que se necesita para derretir el chocolate. Si el agua está demasiado fría, no mezcla bien y nadie lo disfruta. Si está demasiado caliente, se quema y no tiene buen sabor.
En 1989, cuando leí a Laura Esquivel, jamás pensé que comprendería realmente el verdadero significado del título de su bella obra trece años después. Lo sé ahora, que ando con el corazón encendido de amor, levitando por los pasillos de la pasión, por los exquisitos ingredientes de las recetas de besos intensos que me sacuden el alma. Lo sé ahora que puedo hacer de mi cocina un altar en donde deleitar con manjares dulces a la persona que amo y que me ama; esa persona que logró encender todos mis cerillos e iluminarme tanto pero tanto que enceguezco al pasar.
 Lo sé ahora que encontré la temperatura justa de mi agua para derretir el chocolate…
En 1989, la mexicana Laura Esquivel escribió una historia de ensueño. Nos contó que había afrodisíacos para el amor. Nos reveló un idioma nuevo para hablar en secreto con la persona amada. Nos dijo que en nuestro interior vive una llama que uno debe ocuparse de encender para no morir en la gélida soledad del olvido. Nos alentó a no bajar los brazos, que el amor, como la vida misma, se adapta a los ambientes más hostiles para sobrevivir, y lo logra, porque cuando es verdadero, es fuego que no se apaga.
Nos reveló la historia de un amor imposible situado en una atmósfera increíble, llena de realismo mágico impregnando todos los elementos conectados a través del sentido del gusto, nos mostró un “laboratorio alquímico” dotado de poder en donde cocinar platos mágicos.
Nos presentó a Tita y a Pedro, encadenados por un sentimiento sin fisuras, atemporal, pero obligados a permanecer distantes debido a la fuerza de una tradición familiar absurda y castrante, impuesta por Elena, madre de Tita- la hija menor debía renunciar a su vida privada para cuidar de su madre en exclusividad hasta el día de su muerte- 
Nos develó el corazón revolucionario de una mujer dispuesta a defender su sentimiento y capaz hasta de lo indecible por liberarse de ese yugo.
Nos aseguró que el universo entero confabula con un corazón enamorado y nos llevó junto a Tita a encontrar la manera de estar cerca de Pedro proyectando sus emociones sobre los alimentos elaborados en su cocina.
En 1989, Laura Esquivel le dio vida a dos amantes inolvidables que en un acto sublime de consagración mutua fueron capaces de incendiarse en las llamaradas de su pasión mostrándonos que así es como se arde por dentro cuando se ama...


Les dejo un link con la bella "Como agua para el chocolate" 

Fotografía: Vadim Stein
http://nuevemusasrevistacultural.blogspot.com.ar/p/musedreams.html

miércoles, 15 de mayo de 2013



Somos corsarios navegando en un mundo subyugado por infinitos códigos. Por el lenguaje…el hilo invisible que nos conecta.
El amor. El deseo.
La voz. El cuerpo.
Somos un lienzo.
La transparente revelación de nosotros mismos.
 Y nos leemos…


“Acerqué sus dos manos hasta mi boca, y besé cada una lentamente, para así memorizar la forma de sus nudillos. No sólo deseaba la carne de Louise, deseaba sus huesos, su sangre, sus tejidos, los tendones que la conformaban. La habría abrazado contra mí aunque el tiempo hubiera borrado las tonalidades y texturas de su piel. Podría haberla abrazado durante miles de años, hasta que su propio esqueleto se hubiera desecho en polvo. ¿Qué eres, que me haces sentir de este modo? ¿Quién eres para hacer que el tiempo no signifique nada? ¿Quién te enseñó a emplear tus manos como quemadores de hierro? Has grabado tu nombre en mis hombros, señalándome con tu marca. Las yemas de tus dedos se han convertido en planchas de impresión, tecleas un mensaje sobre mi piel, tecleas sentido dentro de mi cuerpo. Tu código Morse interfiere con el latir de mi corazón. Yo tenía un corazón firme antes de conocerte, confiaba en él, había estado en la batalla y se había hecho fuerte. Y ahora alteras su ritmo con tu propio tiempo, tocas sobre mí, tensándome como a un tambor.
Escrito en el cuerpo se encuentra un código sólo visible bajo cierta luz; lo acumulado en toda una vida allí recogido. En algunas partes, el palimpsesto está tan incrustado que las letras parecen braille. Me gusta mantener mi cuerpo resguardado de ojos curiosos. Nunca descubrir demasiado, ni contar toda la historia… No sabía que las manos de Louise podían leer. Ella me ha traducido en su propio libro.



Los libros que amamos hablan de nosotros mismos: Lo comprendí años después de esas lágrimas que se escaparon a borbotones cuando terminé de leer “Escrito en el cuerpo” de Jeanette Winterson.
"¿Por qué la pérdida es la medida del amor?" Comienza preguntando una de las novelas más bellas que he leído en mi vida, no sólo por la búsqueda incesante y permanente que la autora hace de la topografía del deseo en la cual magistralmente logra involucrarnos con sus insondables cuestionamientos e incertidumbres, sino porque en medio de una atmósfera sumida en la pasión, el amor y  el dolor, el o la protagonista cumple su objetivo de manera implacable: pone en tela de juicio los arraigados convencionalismos de amar… de amarse.
Recurriendo a una narrativa brillante, en un intento de despojar al amor de todas las vestiduras posibles, Winterson se encarga de encubrir la identidad sexual de su protagonista a lo largo de toda la obra. ¿Hombre o mujer? En su idioma original la pregunta no tiene respuesta, nunca el lector sabrá el sexo de ese amante sumido en la desbordante pasión que siente hacia Louise, la pelirroja de prerrafaelista belleza que abandona su matrimonio convencional y monótono con un prominente médico, para irse a vivir con él o ella el pletórico arrebato de pasión que comparten;  sin embargo, existe entre ellos un obstáculo infranqueable: El cuerpo de Louise padece una enfermedad mortal y su amante debe decidir quedarse con ella y disfrutar los días que le quedan o dejar que vuelva con su marido quien podría proporcionarle un tratamiento que quizás salve su vida. Decisión que al final quedará en manos de Louise.
Es este el impiadoso escenario sin concesiones en donde la genial escritora desafía al amor y a sus devenires;  para hacerlo, recurre al desafío del lenguaje, a la abismal profundidad de las palabras; nos empuja, nos eleva, nos avienta al suelo casi con violencia induciéndonos a escarbar adentro, muy adentro,  cuestionándonos sin reservas lo que seríamos capaz de entregar y de conceder de nosotros mismos a la inexorabilidad del amor.

"Perder a alguien que amas es alterar tu vida para siempre. Y no lo superas, porque lo es la persona que amas. El dolor acaba, llega gente nueva, pero la grieta nunca se cierra. ¿Cómo iba a cerrarse? La individualidad de alguien que importaba tanto como para llorarle no se vuelve anodina con la muerte. Este vacío en mi corazón tiene tu forma, y nadie más puede llenarlo. ¿Por qué iba a querer que alguien lo llenara?"

 La elección de vivir la pérdida de Louise para que ella tenga todos los cuidados que su enfermedad reclama, transformara la vida de su amante en un duelo prematuro.  Ahora, el lenguaje del sufrimiento, del fatal desenlace, nos revela esa anatomía amorosa, universal y sin género, que antes fue la tela nívea de las exaltaciones más profundas, como una antesala dolorosa ante el veneno de la muerte. Nos hace saber que nuestros cuerpos hablan, que lo que dicen es hermoso y a la vez caótico… que del amor y su paso nos queda esa extraña luz que nos envuelve cada vez que gritamos la letra de lo vivido, que nos queda una llave para desafiarnos y volvernos más sabios a la hora de amar cuestionando los límites impuestos desde adentro y desde afuera, que nada jamás podrá compararse con cada uno de los lugares que hemos descubierto en la geografía de un ser amado, que por más que llegue la fría ausencia o el duelo de la muerte no habrá blanqueador que nos arrebate la tinta de cada instante, que inevitablemente surgirán a borbotones algunas lágrimas cuando una obra, digna del más acalorado aplauso, nos recuerde que los libros que amamos hablan de nosotros mismos y de todo lo que el amor nos ha dejado escrito en el cuerpo…

Fotografía: Greta Buysse
http://nuevemusasrevistacultural.blogspot.com.ar/p/musedreams.html

martes, 14 de mayo de 2013


Que incauto es el delirio de abandonarse a los desbocados torrentes de la carne y a los del alma, que a veces hasta fabula contra sí misma para poder desenredarse frente a los secretos laberintos de la entrega absoluta.
Sin embargo,  cuanta maravilla es la que reside en esa levedad que nos empuja y nos arrebata…cuanta humana divinidad la que bulle de los encuentros con los fuegos de la pasión, de lo prohibido, de aquello que nos produce ansia.
¿Acaso existe algo más honesto que redescubrirse en el deseo?



(…) El dice: me ha seguido hasta aquí como si hubiera seguido a otro cualquiera. Ella responde que no puede saberlo, que nunca ha seguido a nadie a una habitación. Le dice que no quiere que le hable, que lo que quiere es que actúe como acostumbra a hacerlo con las mujeres que lleva a su piso. Le suplica que actúe de esta manera.
Le ha arrancado el vestido, lo tira, le ha arrancado el slip de algodón blanco y la lleva hasta la cama así desnuda. Y entonces se vuelve del otro lado de la cama y llora. Y lenta, paciente, ella lo atrae hacia sí y empieza a desnudarlo. Lo hace con los ojos cerrados, lentamente. El intenta moverse para ayudarla. Ella pide que no se mueva. Déjame. Le dice que quiere hacerlo ella. Lo hace. Le desnuda. Cuando se lo pide, el hombre desplaza su cuerpo en la cama, pero apenas, levemente, como para no despertarla.
La piel es de una suntuosa dulzura. El cuerpo. El cuerpo es delgado, sin fuerza, sin músculos, podría haber estado enfermo, estar convaleciente, es imberbe, sin otra virilidad que la del sexo, está muy débil, diríase estar a merced de un insulto, dolido. Ella no lo mira a la cara. No lo mira. Lo toca. Toca la dulzura del sexo, de la piel, acaricia el color dorado, la novedad desconocida. El gime, llora. Está inmerso en un amor abominable.
Y llorando, él lo hace. Primero hay dolor. Y después ese dolor se asimila a su vez, se transforma, lentamente arrancado, transportado hacia el goce, abrazado a ella.
El mar, informe, simplemente incomparable…

Marguerite Duras y el deseo. De eso se trata “El amante”.
Inclasificable y magistral. Del tramado del deseo en estado natural. De la piel, de las memorias, del calor. La inocencia. Los silencios. Los (significativos) espacios en blanco…
Hoy recordé cuantas veces he leído el amante, en aquella edición de Tusquets, con el rostro adolescente, sutilmente angelical, reinando en la portada.
Recordé el primer rubor en las mejillas, el indescifrable cosquilleo en el estómago…los interrogantes golpeando el corazón como caballos desbocados; la euforia de la transgresión, la emoción del secreto encuentro entre mi alma de 16 años y ese relato poderoso y sublime al que de vez en cuando mi mente regresa, como si existiera aún, latente como aquella vez, como esa primera vez, en los interminables paisajes de mi memoria y su pubertad.
Recordé la exaltación por conocer Indochina ¿Dónde está Indochina? No importa. Es un lugar en algún punto del mundo…un espacio evocando con sinceridad el despertar de la sensualidad, de la sexualidad, del placer, de esos instantes cuando las miradas ajenas moldean la existencia antes de la propia conciencia; antes de las pasiones, de los instintos, de los miedos, de lo pecaminoso que aguarda agazapado la hora de revelarse.

(…) “La pequeña del sombrero de fieltro aparece  a la luz fangosa del río, sola en el puente del transbordador, acodada en la borda. El sombrero del hombre colorea de rosa toda la escena. Es el único color. Bajo el sol brumoso del río, el sol del calor, las orillas se difuminan, el río parece juntarse en el horizonte”

Es el inicio de la confesión. Es el viaje que la Duras emprende río arriba hacia el secreto de su vida en Indochina, en dónde empieza todo en su vida, en dónde acaba todo en su vida. Lo escribió en 1985 en una novela corta. La tituló el amante y representa los pasajes de una vida llena de sentimientos, emociones, desesperación y sueños convertidos en fragmentos literarios que delinean un período breve de iniciación hacia su madurez anticipada, a esa vida que ya era “vieja” a los 18 años. La suya es una iniciación a la vida inquietante: una adolescente de 15 años tanteando en sus instintos y a punto de estallar la florescencia de su belleza, se enreda en una relación con un rico comerciante chino de 26 años. Lo que empieza como un juego de atracción y seducción y poder,  metamorfosea en una relación de vaivenes, de amores y cautiverios emocionales y subyugantes que precipitan los años, el tiempo… la dicha de la desdicha.
La vida desbordándose impetuosa como un aluvión insoportable.

(…) “Le dice: preferiría que no me amara. Incluso si me ama, quisiera que actuara como acostumbra a hacerlo con las mujeres. La mira como horrorizado, y le pregunta: ¿quiere? Dice que sí. Él ha empezado a sufrir ahí, en la habitación, por primera vez, ya no miente sobre esto. Le dice que ya sabe que nunca le amará. Le deja hablar. Dice que está solo, atrozmente solo con este amor que siente por ella. Ella dice que también está sola. No dice con qué…

Y así transcurre el primer verano de la pasión perpetua de esa niña-adolescente que huye, que busca, que cuenta, que se descubre, que confiesa sin tapujos su revelación ante la transfiguración del placer que confunde con otras cosas como el amor, ¿o es al revés?

 “Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde” – Confiesa-

 (…) A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que me han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al transponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi cómo se apoderaba de mis rasgos uno a uno, cómo cambiaba la relación que existía entre ellos, cómo agrandaba los ojos, cómo hacía la mirada más triste, la boca más definitiva, cómo grababa la frente con grietas profundas”

Y después quedar a la espera.
A la fútil espera de esos momentos…de esos retazos de antes cuando el corazón, aún diáfano, sabía nada más que de luminosidad empañada solo por los colores de azules veranos que explotaban aquel candor marchito que ya no vuelve.
 Hoy recordé cuantas veces he leído L ámant
Recordé la honrada candidez de mis labios,  tiritando ante la iluminada simpleza del primer encuentro con las huellas del deseo…


El Amante, de Marguerite Duras 

Fotografía: Hana Al Sayed