jueves, 11 de abril de 2013

Muerte por agua

De pie. Erguida. Muerta. . Hace falta tanta soledad para que hasta las palabras se suiciden… Pensar en la muerte poética, en la exquisita belleza que reside en el éxtasis de perecer y renacer en el alma de un texto; es como existir afuera y adentro; un pie en el suelo, otro, en los limbos de paisajes distantes. Así me imagino a una Pizarnik fantasmal. Olvidada de ella misma en una recóndita geografía nevada. Hablando con una voz que ha aprendido en las grietas de lejanas estepas a donde su espíritu ya se fue antes. Antes de haber venido. ¿Realmente quería irse esa niña anciana que no supo desprenderse de su lecho bajo tierra? Me pregunto, mientras la releo en sus poemas y entonces la veo abandonándonos. Dejándose ir voluntariamente, como si nunca hubiera permanecido realmente más que en su densa y deliciosa melancolía. Y está de pie .Erguida. Muerta. ¿Habrá por última vez intentando llegar al calor de la antorcha? ¿O simplemente se dejó devorar del todo por el insoportable peso de su desencanto? Como saberlo…la condesa/Alejandra torturó a la nombrada hasta que la dejó petrificada en el más inhóspito de sus negros silencios.


Muerte por agua


El camino está nevado, y la sombría dama arrebujada en sus pieles dentro de la carroza se hastía. De repente formula el nombre de alguna muchacha de su séquito. Traen a la nombrada: la condesa la muerde frenética y le clava agujas. Poco después el cortejo abandona en la nieve a una joven herida y continúa viaje. Pero como vuelve a detenerse, la niña herida huye, es perseguida, apresada y reintroducida en la carroza, que prosigue andando aun cuando vuelve a detenerse pues la condesa acaba de pedir agua helada. Ahora la muchacha está desnuda y parada en la nieve. Es de noche. La rodea un círculo de antorchas sostenidas por lacayos impasibles. Vierten el agua sobre su cuerpo y el agua se vuelve hielo. (La condesa contempla desde el interior de la carroza). Hay un leve gesto final de la muchacha por acercarse más a las antorchas, de donde emana el único calor. Le arrojan más agua y ya se queda, para siempre de pie, erguida, muerta.

Ilustracion: Santiago Caruso