lunes, 22 de abril de 2013



Hay un punto que siempre me resultó poderosamente atrapante en la obra de Le Fanu y digno de desarrollar en un análisis y se trata de como Carmilla invade a sus víctimas y es invadida, a su vez, por ellas.
La novela está estructurada en un prólogo y dieciséis capítulos.
El prólogo se sirve de "Algunos de los arcanos más profundo de nuestra existencia dual y sus intermediarios " Este enfoque inicial sobre las dualidades del espíritu se desarrollará a todo lo largo del relato y, combinado con una profunda ambigüedad respecto a la caracterización de Carmilla, nos permite leer la obra no sólo como un relato de vampiros, sino también de dobles, consistentemente con el concepto de realidades paralelas.
La caracterización de Laura encaja dentro del patrón mítico, y el tópico gótico, de la joven prisionera que debe ser rescatada por un héroe. Sólo que a Laura no la rescata un héroe, sino otra heroína, y una que no viene de afuera, sino que parece desprenderse de su interior, y que ha sido previamente vislumbrada en un sueño compartido por ambas. A diferencia de las enredadas tramas de los sensations, la trama de Carmilla es monotemática, centrándose en la relación de Laura y Carmilla, con dos intertextos, la historia de Bertha Rheinhardt, la esperada amiga que nunca llega,  y la de Mircalla Karnstein, el misterioso antepasado de Carmilla,  que funcionan como espejos de cada una de las protagonistas.
Bertha, como Laura, vive prisionera de una imagen patriarcal en medio de una soledad absoluta, y representa el aspecto servil y hogareño de la mujer. Mircalla, la hermosa condesa que habitó las ruinas vecinas, es una representación del arquetipo de la femme fatal que se yuxtapone a la imagen de Bertha/Laura.  
Además de este sutil juego de espejos, Le Fanu utiliza otros recursos como la presentación de triadas opuestas. Al triángulo angelical de Laura y sus dos damas de compañía, Mme. Perrodon y Mlle. de Lafontaine, Le Fanu yuxtapone el triángulo demónico de Carmilla con la madre imperiosa y la bruja oscura que la acompañan en su dramática aparición. La aparición de ésta, considerada como “ uno de los más grandes triunfos de la ficción gótica” , ocurre en medio de un despliegue de tópicos del género —la luna llena, los caballos desbocados, el carruaje volcado— que luego perduraron no sólo en la ficción, sino en clásicos del cine
En efecto, la entrada —o regreso— de Carmilla al relato va a volcar o invertir el orden en el comportamiento de los sexos. Desde este momento se va a establecer una sutil lucha entre los dos aspectos de la mujer: la fatal y la sumisa, que se atraen y se rechazan.
Carmilla constituye un nuevo paradigma en que los elementos de lo gótico se articulan coherentemente con el cuento moderno sobrenatural donde lo maravilloso se confunde con lo probable.
Aunque Carmilla es una vampira, el aspecto tremendista de su apariencia física (los colmillos ensangrentados, el lecho en el féretro, la caminata entre criptas a medianoche) no emerge sino hasta el final del relato. De hecho, tanto la narradora como los personajes secundarios, Mme. Perrodon, Mlle. De Lafontaine e incluso el padre de Carmilla, hacen resaltar la delicadeza de sus rasgos y la elegancia de sus modales, en los que sólo se vislumbra un toque de languidez. Los elementos maravillosos (su aparente habilidad para transformarse en gata o traspasar puertas cerradas, sus colmillos afilados, el aullido de los perros en su presencia) se presentan acompañados de una explicación racional que la narradora acepta. Su ambigua caracterización a lo largo de casi toda la obra por parte de una narradora no confiable en primera persona, y la reiteración de la descripción inocua de Carmilla por parte de los personajes secundarios, abren la puerta a una interpretación de la misma como doble de la narradora y objetivación tanto de sus deseos como de un aspecto reprimido de su personalidad.
Carmilla, aparece en la vida de Laura (y antes en sus sueños) como la posibilidad de una existencia que nunca se le dio. La sumisa, solitaria, virginal Laura —cuyo nombre evoca a la ninfa que prefiere convertirse en laurel antes de ser poseída por Apolo— halla su complemento en Carmilla.
No cabe duda que lo que Carmilla trae a la vida de Laura es indiscutiblemente su primer encuentro con la pasión…