lunes, 15 de abril de 2013


Fuegos me conmovió profundamente desde la primera vez que lo tuve entre mis manos. Me llevo a pensar que en el amor no existe el tiempo.
Ni antes ni después.
En que todos hemos sido amados y desamados en este viaje de vivir al amor. Que cómo Fedra hemos ardido amores como infiernos; que cómo Aquiles hemos odiado amar a tal punto de encender nuestra furia hacia el objeto amado; que no hay nada que el poeta pueda expresar fuera de sí mismo; que el amor es un estado del alma…



Del diario de Marguerite Yourcenar

Las dos de la madrugada. Las ratas roen en los cubos de basura los restos de un día muerto: la ciudad pertenece a los fantasmas, a los asesinos, a los sonámbulos. ¿Dónde estás tú, en qué cama, en qué sueño? Si tropezara contigo, pasarías sin verme, pues no somos percibidos por nuestros sueños. No tengo hambre: no consigo digerir mi vida esta noche. Estoy cansada: anduve toda la noche para escapar de tu recuerdo. No tengo sueño: ni siquiera siento apetito de la muerte. Sentada en un banco, embrutecida a pesar mío por la llegada de la mañana, dejo de recordar que trato de olvidarte. Cierro los ojos... Los ladrones sólo desean nuestras sortijas; los amantes, la carne; los predicadores, nuestras almas; los asesinos, la vida. Pueden quitarme la mía: los desafío a que cambien algo en ella.
¿Miedo de nada? Tengo miedo de ti.

Fotografía de Katia Chauseva