lunes, 22 de abril de 2013


…En el mecanismo de los dobles, uno se fortalece a medida que el otro pierde fuerzas. Carmilla se vuelve más audaz a medida que Laura languidece y las muertes de varias doncellas pueblerinas proliferan. En este momento, el foco de la narración pasa de las mujeres a otra triada esta vez masculina, constituida por el padre, el médico y el general, bastiones de la autoridad patriarcal en los ámbitos respectivos del hogar, la ciencia y la disciplina militar, que no admiten ambigüedades.

                              

De amiga y amante a lo largo de 60 páginas, Carmilla pasa en las últimas 20 a vampira ex machina que debe ser destruida para salvar a Laura y restituirla a su estado anterior de hija sumisa y pasiva. Le Fanu de nuevo yuxtapone dos triadas, la de las tres mujeres que alteran el orden —Carmilla, su madre y la bruja del carruaje— y la de los tres hombres que lo restauran: el Padre, el médico y el general, acompañados en la escena final por el leñador (la clase trabajadora), el Barón Vordensburg (la aristocracia), y por supuesto el cura y el representante del orden público, unidos en inquebrantable solidaridad para restaurar el mundo de límites, obediencia y reglas que se vio amenazado con la llegada de Carmilla.
La escena de la destrucción de Carmilla se ha vuelto tan canónica como la escena de su aparición, y contiene todos los elementos que Bram Stoker usaría 25 años más tarde al describir la destrucción del conde transilvano.
Es curioso notar la ausencia de Laura en los rituales de destrucción de Carmilla. Por otra parte, no se halla en el texto la menor indicación de horror por parte de Laura  ante el descubrimiento de la naturaleza vampírica de Carmilla, al contrario.
Es como si la naturaleza de ese supuesto “doble” o podría llamarse “alter ego” que pareciera haber brotado en un instante de rebelión involuntaria, jamás hubiera sido en esencia ajeno a ella de ninguna manera.
Lo intenso de toda esta estructura que me resulta absolutamente fascinante en extremo, es como Le Fanu se las ingenia para solapar semejante compleja trama de forma tal que quede prácticamente suspendida, expectante a futuros análisis.
El doble, el alter ego, que a su vez representa el amor, el rechazo, el deseo y la tentación, es un combo de elementos tan innovadores para los relatos de la época que no hacen más que despertar en el lector consciente, una profunda gran admiración ante la obra de semejante artista.