jueves, 25 de abril de 2013





Para todo aquel que haya tenido el placer de leer la obra de Charlotte Brontë sabe, sin lugar a dudas, que Jane Eyre es uno de esos personajes revestidos de tanta magistral belleza que es imposible no elevarla en el firmamento de los grandes personajes femeninos de la Literatura.
No se trata de una historia sin más, ni narra las diferencias de clases del siglo XIX sin más, ni cuenta la historia de una desgraciada huérfana sin más, ni es una historia de amor sin más. En este caso, la suma de todos los elementos, compone algo completamente nuevo y distinto.
Jane Eyre fue escrita por Charlotte Brontë y publicada en 1847. Se tituló en principio Jane Eyre: una autobiografía y se publicó bajo el seudónimo de Currer Bell.
Tuvo un éxito inmediato, tanto para los lectores como para la crítica.
La historia es narrada por Jane, quien a los 10 años de edad es custodiada por su tía política, la señora Reed. El señor Reed, hermano de la madre de Jane, la tomó a su cargo cuando quedó huérfana, pero muriendo él mismo poco después, y a pesar de haber hecho prometer a su esposa que la criaría como a uno de sus propios hijos, Jane solo conoce humillaciones y maltratos por parte de todos en la suntuosa mansión, Gateshead Hall.
Cuando Jane empieza a cuestionar la injusticia con que se le trata y a rebelarse contra ella, es enviada a una escuela para niñas, Lowood.
Lowood es una institución financiada en parte por donaciones para educar huérfanas.
 El afán del señor Brocklehurst, el tesorero, de convertir a las niñas en mujeres «resistentes, pacientes y abnegadas», justifica para él el hambre y el frío que sufren en el lugar. Sin embargo, la superintendente de la institución, la señorita Temple, es una joven inteligente y amable, quien aprecia a Jane. Ésta pronto hace amistades, como Helen Burns, una niña que pronto fallece de pulmonía, pero le deja una huella imborrable de estoicismo.
Cuando una epidemia de tifoidea arrasa con las alumnas, se introducen mejoras a la calidad de vida del lugar, en el que Jane llega a pasar 8 años, seis como estudiante y dos como maestra.
Al casarse la señorita Temple, a quien Jane se había acostumbrado a ver como una madre, institutriz y compañera, Jane siente que nada más la une a Lowood, así que publica en el periódico un anuncio de sus servicios como institutriz privada. Su propuesta es aceptada por la señora Fairfax de Thornfield Hall, quien le ofrece el doble del salario que Jane recibía en Lowood.
La señora Fairfax, ama de llaves de Thornfield, le da una cálida bienvenida, y le explica la situación a grandes rasgos: ella está ahí para ser la institutriz de Adèle Varens, niña de unos 8 años.
Allí, conocerá al Señor Rochester, padre de Adèle, un hombre extraño, de humor cambiante y misterioso pero del que se enamorará perdidamente. Sin embargo, un secreto escondido en una de las habitaciones relacionado con el pasado del señor Rochester pondrá en peligro su relación.
El uso de la primera persona durante toda la obra trasmite sinceridad y veracidad y entonces resulta imposible no identificarse con ésta Institutriz de Thornfield Hall que vivirá junto al Señor Rochester,  uno de los romances más famosos de todos los tiempos.
Jane es una mujer de un temperamento muy particular. De las tantas cosas que han de distinguirla de sus coetáneas de la época, me cautiva de sobre manera como no teme expresar sus defectos y exponerlos, incluso a nosotros, sus lectores, sabiendo que forman parte de ella como sus virtudes.
Y es eso precisamente lo que la convierte en un bello personaje digno de atesorar.
Las adversidades por las que irá pasando no harán más que confirmar su firme humildad y su claro conocimiento sobre el lugar que ocupa en el mundo.
Lo excepcional es que ese conocimiento, que en otro tipo de obras supone un conformismo y un estatismo, en Jane resulta la excusa perfecta para llamar a una rebeldía contra múltiples facetas de la sociedad en la que vive.
 Y es que ella sabe perfectamente el lugar que ha de ocupar en el mundo, más allá de cualquier categorización, primero ha de hacerlo como ser humano.
Podría citar miles de frases de la novela de Charlotte Brontë, sin embargo, hay una declaración de Jane que todavía hasta hoy al releerla me provoca un torbellino de profundas sensaciones y creo, la definen, en la totalidad de su esencia- si alguna duda le quedó al lector ante la  transparencia que manifiesta desde el principio de la obra-
Refiriéndose al Señor Rochester: «– ¡Le digo que debo marcharme! –Repliqué con cierto apasionamiento–. ¿Acaso cree que puedo quedarme y no ser nada para usted? ¿Es que cree que soy una autómata? ¿Una máquina sin sentimientos? (…) ¿Acaso piensa que, porque sea pobre, pequeña y vulgar, no tengo alma ni corazón? ¡Usted está equivocado! ¡Tengo tanta alma como pueda tenerla usted, y un corazón igual de grande! Y si Dios me hubiera otorgado algo de belleza y muchos bienes de fortuna, le costaría tanto trabajo dejarme como a mí me cuesta dejarle a usted. No le estoy hablando ahora por medio de los convencionalismos, las costumbres sociales o siquiera la carne mortal; es mi espíritu el que se dirige a su espíritu; exactamente lo mismo que si habiendo pasado por la tumba nos encontráramos a los pies de Dios como dos iguales, ¡pues eso es lo que somos!»
…Como no caer rendido ante la bellísima Señorita Eyre
Jane es una mujer que no se traiciona a sí misma. Una mujer con elevados principios que no teme, ante nada ni ante nadie, mostrarse como es. Es una mujer ávida y cautivadora que veremos desarrollar a lo largo de toda su historia una fuerza y una voluntad para vencer los obstáculos de su vida que nos resultará admirable.
No se trata de una historia romántica más, con un final previsible. Sus personajes son tan profundos, que lejos de quedarse estancados en el tema netamente amoroso logran desarrollar en la historia un fuerte componente de intriga y suspenso que los convierte a cada uno de ellos en móviles que han de llevarnos a navegar por una travesía sencillamente fascinante.
 Tal es la pieza de arte que dio a luz esta brillante mujer inglesa llamada Charlotte Brontë.
Nuestra heroína victoriana, que representa a la mujer segura de sí misma que emprende el arduo camino en búsqueda de la independencia, sabe que tiene méritos propios para conseguir lo que anhela y va a llevarnos de la mano a participar de su  evolución, partiendo desde una infancia llena de dolor y privaciones, a una madurez plena y repleta de libertad.
Creo que no hay mucho más que agregar.
Nada nos cuesta intuir a simple vista que la joven institutriz es y será un personaje de esos que sencillamente son inolvidables...


Les dejo un link para leer a la bellísima Jane Eyre de Charlotte Brontë: http://www.biblioteca.org.ar/libros/130795.pdf