viernes, 26 de abril de 2013



Después de haber estado junto a heroínas victorianas, cortesanas francesas y vampiras transgresoras,  decidí cerrar esta semana con  un personaje alucinante que me maravilla y por el que siento una desorbitante atracción, no sólo desde lo literario, sino desde su significado y su impacto social.
La novela llegó a mis manos por casualidad. Al principio, sin darle crédito-lo confieso- empecé a leerla más por la obligación de ser prestada que por otra cosa. Y es que todo el estruendo “marquetinero” que la rodeaba me había espantado;  no quería perderme en insípidas sagas que no cuentan nada.
Me pasó que sin querer me encontré con una novela negra de esas que rara vez se escriben a no ser por una especie de mandato “inspirativo” que baja en forma de halo sobrenatural desde el cielo; me encontré con una historia cautivante, inteligente, atrapante y minada de incontables ítems para ser analizada de principio a fin. Me encontré con una pieza maestra.
Stieg Larsson, el periodista y escritor sueco no solamente escribió una de las novelas policiales- a mi entender- mejor lograda de los últimos tiempos, sino que además le dio vida nada más y nada menos que a la nueva heroína literaria del siglo XXI y probablemente del Siglo XXII: Lisbeth Salander.
Uno podrá simpatizar o no con un personaje femenino con las características de Lisbeth; puede basarse en una cuestión de gusto, de empatía, de afinidad….lo que no puede, como lector, es ser indiferente a un hecho que es incontenible y trascendente.: la literatura necesitaba una mujer que llevara la bandera del siglo de las luces femenino en plena era de acuario , explotando aguerridas Venus que cada vez con más fuerza se están haciendo escuchar y valer sobre anquilosados convencionalismos sociales de  indiferencia, discriminación y violencia de género aun vigentes en pleno Siglo XXI.
Los hombres que no amaban a las mujeres. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y  La reina en el palacio de las corrientes de aire; son las tres entregas de la trilogía Millenium.
Pero ¿qué es lo que hace que la obra de Larsson resulte tan fascinante?
Algunos lo  atribuyen al modo en que el autor se detiene en temas complejos, como la corrupción y los medios, otros encontraron placer en el devenir de la investigación tanto policial como periodística con ecos bien a lo Agatha Christie y otros simplemente se sienten cautivados por esa narrativa que responde a la “captatio benevolentia”, ese recurso literario con el que el autor seduce al lector generando un lazo inquebrantable; sin embargo, la mayoría sostiene que gran parte del mérito le corresponde a la subversiva fémina gótica que junto al periodista Mikael Blomkvist emprende la carrera de resolver un crimen valiéndose de su sagaz inteligencia y de sus habilidades como hacker.
Sea como sea, la trilogía de Millenium es una obra monumental. Escrita en forma de crónica, en la que se entrecruzan diversas tramas que descubren las parcelas más oscuras de las sociedades contemporáneas llamadas libres en tiempos de minimalismo moral. La violencia de género, los derechos de la mujer, la sexualidad hasta en sus formas más violentas, el tráfico de drogas y de prostitutas de países pobres a países ricos, la degeneración de las viejas familias que controlan el mundo de la banca y de la industria sueca y los chanchullos de los financieros que hunden por placer y beneficio los ahorros y los empleos de millones de ciudadanos. Sus páginas son tan adictivas como formativas, planteando además un sinfín de desafíos. El más implacable, para mi gusto, es el tema de la ética, la que no practican algunos de los responsables que sostienen las estructuras de las democracias contemporáneas y el Estado de derecho, el único legitimado para ejercer la violencia.
Lisbeth mide poco más de 1,50 m; pesa 40 kilos; luce el cabello al estilo punk y un cuerpo plagado de tatuajes y piercings. Aunque tiene 24 años, parece de catorce y su imagen se asemeja a la de un ángel caído al que le hubieran amputado las alas. Es una mujer de pocas palabras, cuyo mutismo es casi autista. Algo que no le ha impedido cautivar a más de quince millones de lectores y que ha hecho vibrar de emoción hasta al mismísimo Vargas Llosa, quien dijo: “¿Qué sería de Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida?”
¿Pero qué tiene esta mujer para haberse convertido en uno de los personajes más fascinantes de la literatura de las últimas décadas?
A la edad de trece años, Lisbeth tomó un cartón de leche lleno de nafta, roció con él el coche de su padre y le prendió fuego. Con su padre dentro, claro. Contado así, en seco, casi a quemarropa, suena a monstruosidad. Pero si tenemos en cuenta que con esa muerte la protagonista está vengando a su madre, reducida a un estado vegetativo por una paliza recibida por parte de su brutal esposo, la cosa suena a justicia. Salvaje, pero justicia al fin y al cabo.
Miss Salander resulta la actualización, la versión postmoderna de la eterna figura del vengador solitario. Lo que la hace un personaje tan irresistible es que probablemente sea la primera vengadora feminista de la historia que hace justicia a las féminas maltratadas volcando su ira, su furia, contra esos “hombres que no aman a las mujeres”.
… Y que sea la primera “guerrera de género” es una victoria literaria.
¿Acaso es Lisbeth  la vanguardia del feminismo? Es imposible que el interrogante no surja.
Situada al margen del sistema, es un personaje desencantado con la sociedad y con las instituciones que representan el poder. Por eso lucha contra la violencia machista con sus propias armas. Ella se convierte en juez, jurado y ejecutor. Así, el nuevo feminismo de la heroína de Larsson, es antisentimental, es capaz de crear sus propias normas al margen de lo socialmente establecido; siendo una mujer que no adopta en su comportamiento ni en su imagen ninguno de los rasgos que se consideran “típicamente femeninos”.  Es la vanguardia de una hembra que puede ser víctima pero que no se resigna a ser humillada. Mujer activa e independiente. Que vive su sexualidad de una forma liberada y sin tapujos. Le gustan los hombres y también las mujeres. Desconfía de las instituciones y su lema es “un cabrón es siempre un cabrón”, pero nunca olvida un favor y sabe ser leal a quien le ayuda.
No necesita que le expliquen que está sucediendo.  No necesita una historia de amor. No necesita ser salvada…
Es violenta hasta rozar el sadismo, pero en su descargo hay que decir que sus víctimas son auténticos canallas. Es capaz de vengarse de su segundo tutor, que abusó de ella de forma miserable, sodomizándole con el mismo consolador con el que la forzó a ella y tatuándole en el vientre la frase “soy un cabrón violador”. Pero igualmente, tiene una extraña ternura y solidaridad para la figura de su primer tutor, que la cuidó como si fuera un padre cariñoso y que yace convaleciente en un hospital.
No hay inocentes; sólo distintos grados de responsabilidad", sostiene en distintas ocasiones…
 ¿ Habrá sabido Larsson, antes de ese infarto traicionero, que  iba a dar a luz al nuevo icono femenino del mundo literario?
Tal vez sí y es una pena que no pueda celebrar su proeza.
 Tampoco podremos saber que pretendía con la creación de una heroína como Lisbeth, pero si sabemos lo que consiguió: romper el molde.

Hay un antes y un después de Salander.
Y eso es sencillamente innegable.

Esta Madame Bovary moderna, eterna, tatuada con un dragón, atrevida, desafiante;  que tiene menos afán de resaltar sus caderas, de pavonearse para que el escote le deje mostrar el sostén y que no piensa un segundo en suicidarse devastada ante las inclemencias de su destino  vino a quedarse…
¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!


Si todavía no han tenido el placer de leer la gran obra de Stieg Larrson les dejo un link para descargar la saga completa : http://librosgratis.net/book/stieg-larsson-trilogia-millenium_6910.html